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Jueves 6 de noviembre de 2003
   Policiales y Judiciales

Laura Russo pasó de gestora a sospechosa de organizar robos y crímenes
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Laura Russo está sospechada de encabezar la banda autora de numerosos delitos.

La sospechosa de comandar la banda que ejecutó varios asaltos con armas y un homicidio, Laura Adriana Russo, es hija del comandante principal de Gendarmería Adrián Russo, quien falleció el año pasado, y de Elva Luzmira Crespo, una docente jubilada de 83 años, que se encuentra postrada como consecuencia de haber sufrido un aneurisma.

Se especializaba en realizar gestiones para la obtención de créditos, en distintos bancos, y comentó que mantuvo un tipo de sociedad con Renzo Mongiardini, y por eso hablaba con él de dinero, de manera frecuente.

Laura tiene 43 años y algunas causas pendientes con la justicia, pero nunca fue condenada por ningún delito. A mediados de 1999 la procesaron por defraudar al Banco Nación con decenas de créditos que gestionó para terceros, pero resultó sobreseída hace pocos días, porque no pudieron probar el perjuicio al banco, y tampoco que su intervención fuera ilegal. Tenía otras causas en trámite, todas vinculadas con presuntas estafas, hasta que el 31 de julio pasado la detuvieron como presunta participante de una asociación ilícita que había cometido robos y asesinatos. Luego, los méritos de la investigación no alcanzaron para sostener esa imputación, pero permanece detenida por su presunta responsabilidad en un asalto con armas, y en un homicidio en ocasión de robo.

En una entrevista exclusiva concedida a "Río Negro", en la alcaidía local, la presunta "cerebro" de una peligrosa banda sólo manifiesta su inocencia, y clama para que le concedan un régimen de detención domiciliaria que le posibilite atender en forma personal a su madre, y a su hijo de 11 años.

A Russo la vinculan con varios delitos, pero sólo la indagaron por su presunta participación en el asalto a la distribuidora "San Francisco", y por el asalto y homicidio del empresario Fernando Marti Reta, de 88 años, quien fue atacado en su domicilio el 8 de noviembre de 2002, y murió 19 días más tarde sin poder denunciar a sus asesinos.

Ella afirma que "a don Fernando lo vi solamente en tres ocasiones, y por intermedio de Mongiardini: "en dos de ellas acompañándolo a Mongiardini, y en otra, cuando fui sola a buscar la plata que le tenía que dar".

Sobre las imputaciones de Aguerre, que luego desmintió (ver aparte), expuso que "nunca tuve sexo con él ni le proporcioné drogas. Lo conocí porque realizó trabajos de pintura en mi casa, y cobró por esas tareas".

Respecto de Mongiardini y sus comentarios sobre su vinculación con el juez Federal Leónidas Moldes y otros funcionarios, la mujer expuso: "No se por qué dijo eso, para mi que está mal de la cabeza".

Negó tener dinero en el banco o en una caja de seguridad. "Si tuviera plata no tendría un auto fundido en la puerta de mi casa, ni los teléfonos cortados", explicó, pero no justificó para qué necesitaba tres teléfonos fijos y un celular. (AB)

Nota asociada:

La investigación de un crimen desnudó una trama siniestra

 

 

 

Nota asociada:

La investigación de un crimen desnudó una trama siniestra

 

 

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