Miércoles 15 de octubre de 2003
 

¿Un bloque del Pacífico y
uno del Atlántico?

 

Por Andrés Oppenheimer

  El Sur está llegando”, anunciaba un reciente titular en el periódico francés “Le Monde”, refiriéndose al grupo de países en desarrollo liderado por el Brasil, China e India que según funcionarios de Estados Unidos fue el responsable del colapso de las negociaciones mundiales de comercio el mes pasado en Cancún.
Según el periódico francés, hay “una verdadera transformación en el escenario internacional: se trata de la llegada de los nuevos grandes. Vienen del sur. Y pretenden reinstalar la discusión sobre la preponderancia de los Estados Unidos y la Unión Europea, o sea, del Norte”.
¿Es así? Se trata de una teoría interesante que parecía plausible hace algunas semanas, pero que se está desinflando rápidamente, por lo menos en América Latina.
Los acontecimientos de las últimas dos semanas en la región sugieren que podría no haber tal división entre el Sur y el Norte, sino una partición de las Américas entre el Este y el Oeste. Antes de entrar en esta teoría un tanto grandilocuente, examinemos los hechos. Brasil fue el líder del grupo de 21 países que se enfrentaron con Estados Unidos y Europa en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio en Cancún, y también encabezó el grupo de países latinoamericanos en la reunión del 30 de setiembre en Trinidad para discutir el plan para crear un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en el 2005.
En ambos casos, Estados Unidos acusó al Brasil de tener una actitud intransigente y de causar el fracaso de las negociaciones. Brasil dice que Estados Unidos debe poner sobre la mesa de negociaciones sus subsidios agrícolas, mientras que Estados Unidos afirma que está dispuesto a negociar todo lo demás, pero que no puede eliminar los subsidios agrícolas si los europeos no hacen lo mismo.
Al finalizar las negociaciones de Cancún y Trinidad, el Brasil parecía feliz con su nuevo rol de líder regional y defensor de los derechos latinoamericanos. Pero al poco tiempo, comenzaron a llover las críticas sobre los negociadores brasileños: varios países latinoamericanos los acusaron de adoptar una línea demasiado dura y de defender los intereses del Brasil por sobre los del resto de la región.
Países como Perú, Colombia y El Salvador dijeron que mientras Brasil -una potencia agrícola- tiene como principal meta la reducción de los subsidios agrícolas de Estados Unidos, ellos no. Para éstos y otros países, la principal meta de las negociaciones es lograr que Estados Unidos reduzca sus barreras a las importaciones de productos manufacturados y otras materias primas latinoamericanas, que no tienen nada que ver con los subsidios agrícolas.
Los países que más se alinearon con Brasil fueron Venezuela y Argentina, pero el apoyo argentino fue perdiendo entusiasmo a medida que colapsaban las negociaciones.
En una entrevista telefónica esta semana, el canciller argentino Rafael Bielsa me dijo que “yo no me fui contento de Cancún. A tal punto, que cuando el representante comercial de Estados Unidos, Bob Zoellick, afirmó que los países del Grupo de los 20 Plus (ex Grupo de los 21) habían vuelto a una retórica setentista, lo llamé por teléfono y le dije que ésa no fue la posición argentina. No creo que actitudes de enfrentamiento sean buenas para la región”.
Incluso dentro del Brasil, las críticas contra la actuación del gobierno en las negociaciones comerciales están subiendo de tono. En un editorial durísimo, el influyente periódico “O Estado de Sao Paulo” dijo el 3 de octubre que la actuación de la cancillería brasileña al frente de las negociaciones comerciales había sido “un fiasco diplomático”.
“La diplomacia brasileña ha roto relaciones con la realidad”, decía el editorial. “Brasil logró no sólo antagonizar a Estados Unidos, sino también a la mayoría de los países latinoamericanos e incluso a sus socios del Mercosur”.
El propio ministro de Agricultura del Brasil, Roberto Rodríguez, declaró a la prensa la semana pasada que los negociadores de la cancillería habían actuado con “intransigencia”. Y un vocero de la poderosa Federación de Industrias de Sao Paulo, FIESP, dijo a la prensa que Brasil “necesita volver atrás y negociar de una manera más civilizada”.
De manera que he aquí mi humilde conclusión: en un escenario pesimista, puede ser que Brasil mantenga su línea dura y terminemos con una partición de las Américas: por un lado tendríamos un bloque comercial del Pacífico, compuesto de los países que ya tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos, o quieren tenerlos ya mismo (Chile, Bolivia, Perú, Colombia, América Central y México). Y por otro lado, tendríamos un bloque comercial del Atlántico, compuesto por la Argentina, Brasil y Venezuela.
Pero lo más probable es que el Brasil modere su postura para no perderlo todo. O sea, es cierto que están soplando nuevos vientos del sur, pero -para bien o para mal-están perdiendo fuerza.
     
     
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