Miércoles 22 de octubre de 2003

Mediomundo

Turista

Estar en la butaca de un cine, en el asiento apretado de un colectivo o de un avión, en el interior de un barco, al trote por las calles de tu ciudad, es un modo de no estar. Una manera de escaparle al presente para entrar en un continuo menos aprensivo. Un sinfín que se reproduce a cada segundo como una bicicleta fija. Como la cinta de un gimnasio. Ruedas pero no avanzas En ocasiones siento que podría pasarme la vida arriba de un coche que atraviesa la Patagonia, escuchando música, proyectando lo que un día seré y no soy. Esto me permite posponer un enorme resto ocupado en la urgente necesidad de viajar Aunque no hay sólo una manera de irse. A veces estamos sólo en cuerpo y no en alma porque nuestra mente gira a mil millones de años luz alrededor de un planeta lejano y misterioso. "Siempre estás volviendo de lugares a los que nunca fuiste", escribió una poeta de esta tierra. Una manera de completar la máxima de Aníbal Troilo, que hablaba de no haberse ido nunca y estar siempre de regreso Cada cual necesita de su exilio particular. De la intensidad de las despedidas. De las separaciones que nos conmueven hasta los tuétanos. Irse es una manera de entender lo que hemos dejado. Nos abre los ojos acerca del lugar en el que un día vivimos.

Todos los viajes son un cruce de fronteras físico y emocional. Los Andes. Los Alpes. El Atlántico. El Estrecho de Magallanes. Una pareja que termina o que empieza. Un hijo.

Pero las travesías más brutales son las que hacemos en solitario. No es lo mismo compartir con alguien papas fritas en un cine de verano que sentirse abandonado y nostálgico en una ciudad que no conocemos. Lo mejor y lo peor de nosotros aflora en esos momentos. En lo personal, suelo ser presa del pánico, de las fobias, de una hipocondría que me hace suponer derrames cerebrales y hasta locura temporaria. Superado eso o con tal cruz sobre los hombros, me dejo emborrachar por el mundo. Disfruto la visión de tres chicos en el sur con aire londinense y acompaño su paso tranquilo un par de cuadras. Uno lleva un rato largo conversando por celular. Su compañero usa unos llamativos pantalones verdes. La chica carga un sobretodo negro y un raro peinado nuevo. Otro día, en otro escenario, unos pibes arman un picado junto a una terminal. Veo a una pareja entrar en un bar bastante cool La vida es un flash increíble si nos permitimos ser testigos de sus fluctuaciones. En una ciudad de la cordillera charlo por primera vez con una joven secretaria que me cuenta el deseo de su jefe y su timidez para declarársele. Una piba llega a un pub a las 4 AM jugando con un yo-yo. Literalmente la entrevisto. Tiene puestos un abrigo gruesísimo y un gorro que casi le tapa los ojos y no alcanza a cubrir su brillo. Un aro ha quedado preso en sus labios. Otra chica me invita a una fiesta electrónica Pienso en "Tourist" de Saint German.

Alguien que no conozco me paga un trago. Desde una mesa cercana levanta su copa. Charlo con un inglés acerca de la magia del fin del mundo. Todo puede ser en este extraño planeta que nos afanamos en inventar y destruir La vida es un filme. No quiero perdérmelo a pesar de lo mucho que temo morir herido por sus sensaciones. Siempre hay algo nuevo. Siempre un ser late entre nuestras manos. Siempre el corazón pide un minuto más de gloria. Siempre es ahora. Nunca es cuando.

A pesar de lo difícil que resulta entrar en contacto con la energía que nos circunda y de hallar el verdadero sentido de los deseos, voto por decir sí. Estoy dispuesto. Timbro hoy mismo un pasaporte para ser un turista en la geografía de mi vida Vaya a saber uno cuánto dure la aventura.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

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