Domingo 14 de setiembre de 2003

OPINION

Decrece el interés de los alumnos de Picún por estudiar en la UNC

 

Opinión

Noventa días sin respuesta

La búsqueda de explicación de un hecho tan grave como la desaparición de Sergio Avalos, estudiante de la Facultad de Economía de la UNC, sin razón desde hace 90 días, perturba nuestra mente y nuestro espíritu. Quienes desde la educación, como compromiso con la formación de los jóvenes, situamos entre los valores superiores a la dignidad de la vida, la solidaridad y la justicia, vivimos la angustia del no saber, del no hallar fundamento a la persistente afirmación de que la desaparición de Sergio Avalos sigue rodeada de misterio Múltiples marchas en Picún Leufú y Neuquén capital han mostrado el dolor y la impotencia de sus padres, hermanos, amigos y compañeros de estudio, docentes, jóvenes y adultos, que se van acostumbrando al oficio de buscar y rogar, de caminar entre el polvo y el frío con las miradas tristes y desorientados, escuchando siempre la misma respuesta: no hay datos ciertos de la desaparición de Sergio, más allá de su ingreso con amigos a un local bailable de la ciudad de Neuquén en la madrugada del 14 de junio pasado.

El invierno va pasando y la primavera que se anuncia con su mensaje renovado de vida nos abre la esperanza de obtener respuestas. Tenemos fe. Sabemos que múltiples fuerzas de seguridad se han movilizado. Conocemos las gestiones oficiales de los diversos poderes y jurisdicciones por el caso. Pero se acerca el Día del Estudiante y Sergio sigue ausente. Sus cosas personales siguen intactas, su lugar vacío en la Residencia Universitaria de la UNC, sus amigos lo siguen esperando en la casa, el aula y el equipo de fútbol. Sus padres, hermanos y sobrinos lo aguardan en la casa de Picún. Lo espera el barrio y sus ex compañeros de secundaria como tantos fines de semana. Entonces el silencio persistente duele y se instala en la memoria colectiva un caso más de impunidad sobre la vida de los jóvenes. Y con ello el temor de tantos padres y tantas madres. La pregunta obligada es entonces: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo deben sus familiares, compañeros y amigos tener que aceptar que nada se sepa? ¿Hasta cuándo debe deambular su familia por despachos, calles y sitios periféricos buscando y buscando una razón?

¿Por qué esta desaparición? es la otra pregunta; ¿por falta de prevención?, ¿de control?, ¿de protección?, ¿de seguridad integralmente entendida?

¿Quiénes son los responsables? ¿Se agota ello en un sitio?, ¿o en realidad involucra al espacio de la ciudad, al territorio provincial, y al país, que desde los años recientes asiste atónito a la multiplicación de casos similares, de jóvenes mujeres y varones golpeados, vejados, mutilados, desaparecidos o asesinados?

¿Alcanza con la Ley como institución? ¿O en realidad no se la aplica en tiempo y forma?, ¿o no se movilizan con plenitud los recursos institucionales desde los distintos poderes y jurisdicciones para construir en consenso una sociedad más justa y más respetuosa de los valores supremos y de los derechos ciudadanos?

¿O es que frente al déficit de calidad institucional quedan espacios vacíos que los ocupa la impunidad y el delito para cobrarse derechos por la fuerza e imponer un modo de vida propio de sociedades violentas y degradadas, del tipo de aquellas en las que el Estado se debilita, el mercado asigna con libertinaje y la sociedad civil es arrasada?

Decenas de preguntas se suceden y superponen en la mente de quienes asumimos reflexionar sobre tan graves episodios, y muchas de ellas quedan sin respuesta. Otras obligan a seguir buscando razones y responsabilidades Junto con ello, surge la sensación de que son muchos los ciudadanos que activa o pasivamente comparten nuestras preocupaciones y valores, muchos de los cuales solidariamente acompañan de una u otra manera a las víctimas de tantos casos similares al de Sergio en la región y el país. Y ello da la fuerza de forjar el capital de la memoria de un pueblo que no se resigna a enterrar las vidas jóvenes cegadas por la violencia irracional, económica y social. Porque esta realidad, lejos de ser símbolo de desarrollo es la expresión de las rémoras de un pasado reciente plagado de injusticias, valores de puro mercado e individualismo, que tanta pobreza, inequidad y vergüenza han sembrado en la Argentina y gran parte del continente.

Para que 90 días no cierren la memoria ni apaguen los reclamos. Por la aparición de nuestro joven alumno Sergio Avalos, con derecho a vivir, a reír, a crecer y a ser feliz junto a sus familiares, compañeros y amigos.

 

Graciela Landriscini
Decana y docente de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional del Comahue

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