Sábado 6 de setiembre de 2003

 

Santiago Kovadloff: Conversaciones con el sabio

 

Es uno de los intelectuales más respetados del país. Cuenta con una amplia trayectoria como filósofo y poeta, un camino que lo ligó íntimamente a la traducción de textos en portugués. Entre las obras que volcó al castellano se encuentra el archifamoso ‘Libro del desasosiego’, de Fernando Pessoa. Actualmente trabaja en otra obra del extinto poeta portugués que no tiene antecedentes en nuestra lengua. La cultura y la política, la ética -si es que hay una-, y sí, la labor del filósofo y el traductor.

 

Santiago Kovadloff se asemeja a uno de esos sabios intergalácticos que en series como Viaje a las Estrellas se empeñan en llevar mensajes entre nave y nave luego de aparecer materializados repentinamente bajo un cono de luz.
Porque así aparece Kovadloff, repentinamente. Las hojas plateadas de la puerta de un ascensor silencioso se abren y lo dejan en el pub del hotel donde para dándole al ambiente un aire mucho más moderno que el clásico rojo-sobre-marrón de las mesas. Lo perturbador puede estar a la vuelta de cada esquina y por eso lo perturbador de esos manteles. La acostumbrada polera negra, la voz pausada, en otra sintonía, muy diferente a la que, dos pisos más abajo, tendrán los culpables de esos bocinazos.
“Estoy embarcado en la tragedia desde hace ya unos 10 meses”, dice un segundo luego del saludo. “Después de haber traducido el Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, ahora estoy trabajando en un libro cuyo título provisional en español será Ficciones del interludio, que reúne los poemas que Pessoa publicó en vida en diferentes medios, pero nunca pudo ver reunidos en un volumen. Siguiendo sus deseos, el libro se llamará como él lo deseaba. Supongo que tengo por delante unos cinco meses más de trabajo”, relata.
-¿Son poemas inéditos en castellano?
-No todos. Muchos de ellos se conocen en distintas versiones.
-Será una forma de encontrar toda esa obra dispersa en un volumen próximo...
-En castellano va a ocurrir eso; en portugués ya ocurrió.
-¿Es una vocación la traducción?
-En mi caso, sí. Es una vocación y creo que puedo rastrear sus orígenes con mucha claridad...
Todo comenzó en Brasil. Con Kovadloff viviendo allí a los 16 años y ensayando traducciones de autores argentinos impulsado por el deseo de compartir lecturas con amigos. Otro tanto ocurrió a su regresó al país, seis años después, esta vez traduciendo también para amigos textos del portugués al castellano, y todo adquirió rumbo definitivo al concebir la idea de preparar una antología de poesía brasileña contemporánea, a principio de los ’70. “El placer y las angustias que depara el trabajo de traductor son muy similares a los de un intérprete musical”, dice.
-¿Cómo es eso?
-Del mismo modo en que se posiciona un intérprete frente a la partitura que ha compuesto otro, el traductor con su instrumento se sitúa frente a la partitura compuesta por otro escritor y debe interpretarla. De manera tal que una traducción es siempre lo que otro dijo ejecutado por el temperamento de quien lo versiona.
-¿Hay otro plano de disfrute de un texto en el momento de la traducción?
-Bueno, sin duda, el hecho de tener con el idioma original del texto una relación entrañable te brinda un tipo de contacto, y leerlo vertido en tu propia lengua por vos mismo, te da resonancias adicionales de esa obra. Pero también te priva de otras.

-¿Cuáles?
-En rigor, una traducción es siempre una interpretación. De manera que lo que en la propia lengua uno materializa con respecto a la lengua original, no es nunca literalmente el original. En consecuencia, las atmósferas y las posibilidades estéticas que una traducción te brinda no necesariamente son las que te da el original. No son ni más ni menos, son otras. Pero yo, cuando escucho que traducir es imposible, recuerdo que leer es interpretar y que interpretar es traducir.

Política, cultura, ética y eficacia

“En un sentido profundo y esencial, una política cultural es una política de construcción de la identidad cívica. La cultura aparece como una de las ramas de esa construcción. Creo que en la Argentina siempre ha existido un proyecto cultural, a veces rico y a veces pobre, a veces coherente y a veces incoherente”, dice Kovadloff en tren de hablar de lo de antes, pero especialmente de lo de ahora.
-No son políticas culturales lo que falta en Argentina -agrega-, sino definir con precisión qué es lo que uno entiende por ellas. Las grandes políticas culturales se juegan en la concepción de la vida jurídica, de la educación, del diálogo político entre los adversarios necesarios de una democracia plena.
-En ese sentido, ¿usted considera que la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto final es un intento de construir un proyecto cultural?
-En lo que se refiere a la remoción de los titulares de la Corte Suprema, el Poder Ejecutivo impulsó medidas muy apropiadas. Porque procedió no sólo legalmente sino en respuesta a una demanda ética, y aunque los motivos por los cuales se proceda de este modo puedan estar entreverados entre los principios éticos indiscutibles y las disputas partidarias, las medidas en sí mismas pueden tener un efecto positivo allí donde se trata de restaurar la ley. En el caso de las Fuerzas Armadas, más allá de que en la década del ’70 considero que ha habido genocidas y homicidas, más allá de que la responsabilidad de quienes promovieron el terrorismo de Estado ha sido terrible y profunda, la remoción de leyes que inscribían lo sucedido en el campo de la cosa juzgada genera un precedente complicado para la legislación. Es algo a tener en cuenta, y no significa ignorar qué profundo debe ser el castigo de quienes obraron como genocidas.
-Usted dijo en una entrevista: “Un hombre valioso no es aquel que no conoce el dolor, sino el que sabe habitarlo”. ¿Cómo habita su dolor?
-Creo que no de una manera muy diferente de la tuya (ríe). Todos nosotros hemos conocido el fracaso, la contradicción, y hemos visto en el espejo la imagen empobrecida de nuestro espíritu. Habitar el dolor es aprender de esos empobrecimientos y no echarlos en saco roto.
-Si se miran los últimos 20 ó 30 años puede constatarse un socavamiento de la ética de parte de la eficacia, ¿usted está de acuerdo?
-Cuando la eficacia se divorcia de la ética, bueno, pues entonces tenemos el pragmatismo. La finalidad única del pragmatismo es la rentabilidad de la acción a cualquier precio. En ese sentido es cierto: una democracia sólo se puede establecer mediante la reconciliación de la ética con la eficacia. Por caso, en la educación: la capacitación y la formación de la gente regida por los imperativos de la economía de mercado fatalmente desemboca en la desatención de las disciplinas humanísticas, que son las que le dan sustento ético a la vida de los seres humanos. La ética también tiene que ver con la ecuanimidad social, del conocimiento y de la riqueza.
-¿Cómo evalúa la labor de los intelectuales en el mismo período?
-Si analizamos la producción escrita de los intelectuales argentinos entre 1983 y 2001, veremos que es de una riqueza, variedad, versatilidad e intensidad notables. Muchas veces se les reclama a los intelectuales mayor participación... televisiva... El lugar de los intelectuales no es la televisión. El lugar de los intelectuales es la producción de ideas conceptuales. Pero acá, si al intelectual no se lo ve en la televisión, es como si no existiera. Creo que los intelectuales hemos tenido una intensa labor, incluso política, de participación, de debate, tal vez no haya sido muy afortunada, pero ha sido intensa y prolífica.
-Hay un texto suyo que dice: “Si la democracia ha naturalizado el hambre, me replanteo si debo llamar democracia al sistema en el que vivo”. ¿Se trata de buscar nuevos nombres para lo mismo o de averiguar dónde vivimos para cambiarlo?
-Seguro que no vivimos en una democracia. Vivimos en un sistema constitucionalista que se empeñó en afianzar las instituciones pero que aún no salió del terreno de la simulación democrática. No se puede hablar de democracia si el proyecto prioritario no es el desarrollo de condiciones de trabajo dignas. Mientras un hombre tenga que pensar dónde encontrar algo para comer tiene necesidades que no han terminado de inscribirse en el campo de lo humano. Un régimen político que promueve la deshumanización difícilmente pueda llamarse democracia.

Contacto

-¿Cuál fue su primer contacto con la filosofía?
-Creo que mi primer contacto con la filosofía precedió a cualquier contacto formal con lo que luego yo podría llamar filosofía. Fue un estremecimiento corporal. En Córdoba, a los 13 años. Una mañana salí al jardín de la hermosa casa que teníamos, abrí una caja de zapatos en la que guardaba mis soldados de plomo y me propuse armar una batalla. Dispuse a los soldados para que combatieran, pero de pronto sentí que ya no podía jugar con ellos, que yo ya no era capaz de infundirles vida, o de recibir de ellos la vida que hasta entonces me habían mostrado. Me levanté del césped y sentí que no sabía qué hacer en la vida. ¿Qué hace uno cuando ya no puede jugar? ¿Qué era la vida sin jugar? No tenía otros intereses, o si los tenía no los había terminado de descubrir. Me sentí perdido, anonadado, y creo que ésa fue mi primera experiencia, mi primer contacto con la filosofía. ¿Por qué? Porque la filosofía es primeramente un deslizamiento de lo obvio al campo de lo extraordinario, de lo natural al campo de la perplejidad, y eso me ocurrió allí. Ese deslizamiento hacia lo imponderable se encausó rápidamente y después descubrí que escribir era una manera de seguir jugando.

Fernando Castro

El traductor

Kovadloff ha venido realizando una amplia actividad intelectual durante los últimos 20 años. Su tarea como ensayista, poeta, traductor y antólogo de literatura en lengua portuguesa le han granjeado el reconocimiento de la comunidad intelectual argentina y de otros países. Actualmente escribe en el diario “La Nación”, de Buenos Aires, y publica en las revistas católicas Comunión y Criterio. El filósofo, graduado en la Universidad de Buenos Aires, se ha convertido en uno de los traductores de obras en portugués al castellano. Entre sus traducciones figuran textos de Vinicius de Moraes, Mario de Andrade, Joao Gimaraes Rosa y Fernando Pessoa, entre otros. Una tarea idéntica adoptó como propia con obras que volcó al portugués. Numerosos poetas argentinos y muchas de las composiciones del cantautor catalán Joan Manuel Serrat pasaron por sus manos durante los años ochenta, antes de llegar a lectores de Portugal y Brasil. En 1975 fue el encargado de realizar esa labor con los textos del grupo cómico Les Luthiers, en un espectáculo presentado en San Pablo. Entre su amplia actividad intelectual, se destaca su obra poética, que ha sido traducida al francés, italiano, inglés, alemán y hebreo. “Zonas e indagaciones” (1978), “Canto abierto” (1979), “Ciertos hechos” (1985), “Ben David” (1988) y “Hombre de la tarde” (1997) son algunos de sus libros de poesía. Sus ensayos también han sido traducidos al alemán, al italiano y al francés y otros se han difundido en España.
En su obra, asimismo, hay lugar para la narrativa. Como cuentista ha dado a conocer “Mundo menor” (1986) y como autor de relatos para niños, “Agustina y cada cosa” (1993), entre otras obras. Sus libros de ensayo son “El silencio primordial” (1993), “Lo irremediable” (1996), y “Sentido y riesgo del vida cotidiana” (2002).
También ha obtenido numerosas becas y distinciones nacionales y extranjeras. Entre las primeras y en repetidas oportunidades, las de la Fundación Calouste Gulbenkian, de Lisboa, y de la Secretaría de Estado de Cultura de Portugal. Obtuvo la faja de honor de Poesía y Ensayo concedida a su obra en dos oportunidades (1986 y 1987). Como ensayista, Kovadloff recibió el Primer Premio Nacional de Literatura de la República Argentina, en 1992. En 1994 obtuvo el Premio Konex a las Letras Argentinas de la década 1984-1994. Desde 1995 es lector emérito de la biblioteca nacional de la República Argentina.

     
     
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