Jueves 7 de agosto de 2003
 

Recordando al "Segundo Sexo"

 

Por Mabel Bellucci

  En París, el 29 de julio de 1949, apareció el primer tomo del "Segundo Sexo", escrito por la filósofa Simone de Beauvoir y publicado por la imprenta de Gallimard. En pocos días se vendieron más de 20.000 ejemplares. Siete meses más tarde, llegó el segundo tomo. No era descabellado suponer que el éxito ya estaba asegurado.
Transcurrido dos años, "El Segundo Sexo" se tradujo al alemán y fue editado en Hamburgo mientras que, en 1951, las neoyorquinas le dieron la bienvenida; vendiéndose en las sociedades angloparlantes más de dos millones de ejemplares.
Hacia 1954, la editorial Siglo XX de la Argentina hizo su lanzamiento y la traducción estuvo a cargo del dramaturgo Pablo Palant. Buenos Aires era, en esos momentos, el centro difusor por excelencia de toda novedad cultural, asegurando, por cierto, su propagación por todo el mercado iberoamericano. Tanto es así que, durante la dictadura de Franco, miles de españolas se iniciaron clandestinamente en la lectura de dicha obra, a través de nuestra edición local.
En una dinámica arrolladora, "El Segundo Sexo" siguió expandiendo su originalidad y se tradujo también al árabe, danés, hebreo, húngaro, italiano, holandés, noruego, polaco, portugués, serbo-croata, eslovaco, sueco, tamil y al checo.
A través de este babilónico recorrido, se podría desprender que Simone de Beauvoir representó la escritora feminista más leída del mundo, como también una de las figuras míticas de las letras francesas del siglo pasado.
El "Segundo Sexo" con su famosa frase "No se nace mujer, se llega a serlo" ha sido, sin lugar a dudas, uno de los textos que más influencia tuvo en el auge del feminismo occidental después de la segunda mitad del siglo XX, en su intento por develar el proceso de configuración de los marcos culturales y sociales del orden patriarcal.
No obstante, en aquella época, pocos libros provocaron tal avalancha de groserías y de sarcasmos, así como climas polémicos sumamente controvertidos por parte de los editorialistas de la prensa gráfica y también del mundo lector.
Simone fue atacada de manera indistinta tanto por la derecha más conservadora como por la izquierda ortodoxa. Es probable que "El Segundo Sexo" al ser escrito a contratiempo de la historia, más aún, anticipándose a un movimiento feminista no configurado como tal, generó una fuerte incomprensión y se lo consideró como un catálogo extenso de sus ocurrencias personales.
En un reportaje, Simone declaraba: "Decían que yo me sentía humillada por ser una mujer y que a causa de ello quería ridiculizar a los hombres. La gente me miraba en los restaurantes burlándose y hasta dándose con el codo".
Con la aparición del "Segundo Sexo", a Simone le sorprendía las actitudes sexistas de sus pares e integrantes de su círculo más íntimo. "Es en ese momento que yo descubrí el machismo de un cierto número de hombres a los cuales consideraba verdaderamente demócratas, tanto en relación con el sexo como con el conjunto de la sociedad. Una vez que el libro estuvo terminado, suscribió toda su tesis mientras que personas como Albert Camus, casi me aventaron el libro a la cara, quizás por ser mediterráneo. Dijo que yo había ridiculizado al varón francés". Pese a ello, un pequeño grupo de hombres la apoyaron, aquellos de quienes ella estaba segura, J. P. Sartre, Merlau-Ponty, Francis Jeanson.
Y prosigue: "Quedé muy decepcionada de los comunistas. Pensaba, a pesar de todo, que la izquierda sentía cierto interés por este problema. Entonces escribieron en Les Lettres Francaises que a las obreras de Billancourt les importaba muy poco de los problemas que yo planteaba, lo que era completamente falso, porque las obreras de Billancourt son tan sensibles como cualquiera a la condición femenina".
Pese a tanta conmoción causada por esta publicación, igualmente Simone no perdió el fuerte reconocimiento adquirido por su producción intelectual y compromiso político, en tanto que su pensamiento suscitaba una fascinación indescifrable.
Escribir "El Segundo Sexo" le permitió entender su adscripción ventajosa a partir de su pertenencia de clase. Situación, por cierto, que la llevaría a develar cómo las diferencias sexuales y los mecanismos de exclusión quedan desdibujados hasta perder su sentido. Al respecto, ella reflexiona que "con El Segundo Sexo, entiendo por primera vez que yo misma vivía una vida falsa, o más bien que, sin siquiera darme cuenta, aprovechaba de una sociedad construida para los hombres. Mientras lo escribía llegué a darme cuenta de que mis privilegios procedían de mi abdicación, por lo menos en algunas puntos cruciales a mi femineidad. Comprendí también que la mayor parte de las mujeres no tenían las mismas posibilidades de elección que yo había tenido".
Cabría pensar entonces que nuestra autora escribió "El Segundo Sexo" sin predecir totalmente los efectos posteriores que desenlazaría su obra como herramienta teórica fundamental para los procesos emancipatorios en torno de las identidades de las diferencias genéricas.
     
     
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