Martes 24 de junio de 2003
 

El Día Mundial
del Refugiado

 

Por Martín Lozada

  Al final de la Segunda Guerra Mundial Europa se vio sacudida por una importante catástrofe humanitaria: millones de personas vagaban sin rumbo por su territorio buscando un lugar donde reiniciar una nueva vida. Ante esta realidad, en 1950 la Asamblea General de la ONU creó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
El ACNUR actúa de conformidad con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, más conocida como la Convención de Ginebra de 1951, y también respecto de su Protocolo de 1967. Allí se define al refugiado como a la persona que "tiene un fundado temor de ser perseguida a causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política; y que al encontrarse fuera del país de su nacionalidad no puede o no quiere, debido a ese temor, acogerse a la protección de su país".
Desde entonces su principal misión ha sido la de garantizar los derechos y el bienestar de los refugiados.
Fundamentalmente, que cada uno de ellos pueda ejercer el derecho a solicitar asilo, encontrar un refugio seguro en otro país y regresar voluntariamente a su suelo de origen.
Existen, sin embargo, otros dramas que le son afines en el mundo contemporáneo. Es el caso de quienes sufren desplazamientos internos y se han visto forzados a huir de sus hogares por las mismas razones que los refugiados. Pero que, a diferencia de éstos, no han cruzado una frontera reconocida internacionalmente.
En el mundo hay casi más desplazados internos que refugiados, por lo que el ACNUR ha debido actuar en Afganistán, Angola, Bosnia-Herzegovina, Croacia, El Salvador, Irak y Somalia, entre muchos otros.
La mayor población refugiada del mundo la constituyen los seis millones de palestinos, a tal punto que uno de cada tres refugiados del planeta pertenece a esa nacionalidad. La ocupación de sus territorios, los ataques militares y los atentados contra sus derechos fundamentales los obligaron a huir hace años. Y ahora, la negación del derecho al retorno y la expropiación de sus tierras "abandonadas" por parte de Israel impiden una solución a corto plazo de su difícil situación.
En nuestro continente, la Asamblea General de la OEA adoptó recientemente una amplia resolución sobre la protección de solicitantes de asilo, refugiados, repatriados, apátridas y los desplazados internos.
Insta a los países que no cuentan con mecanismos para la protección de solicitantes de asilo y refugiados a que los adopten y enfatiza la importancia de combatir la xenofobia, la intolerancia y la discriminación racial.
Según Hope Hanlan, directora para las Américas del ACNUR, en Estados Unidos se encuentran un millón de solicitantes de asilo y de refugiados. En el 2002, EE.UU. recibió el 14% del total de las 587.400 solicitudes de asilo presentadas en 37 países industrializados y Canadá el 5,7%.
En Latinoamérica y el Caribe, más de dos millones de personas se han visto obligados a abandonar su hogar, la mayoría de ellos ciudadanos colombianos desplazados por causa del conflicto armado interno. Hacia el sur, aunque son más reducidos los números de solicitantes de asilo, su llegada es continua y desde geografías cada vez más variadas.
Actualmente existen en el mundo cerca de cincuenta millones de refugiados. Alrededor de treinta millones entran en la definición de la Convención de Ginebra -se encuentran fuera de sus países- y los restantes veinte millones corresponden a desplazados internos. Es decir, quienes no han podido abandonar el país en el que sufren persecución y han buscado refugio en otra región del mismo.
Hasta el final de la Guerra Fría, las naciones occidentales utilizaron las políticas de asilo y refugio como un elemento estratégico frente al bloque soviético. A los ciudadanos de los países del bloque del Este que llegaban a Occidente el asilo les era concedido tras un breve y sencillo trámite. Con la caída del Muro de Berlín y del Estado soviético, se endurecieron sus políticas de admisión y comenzaron a exigir la prueba de las causas de persecución de manera individualizada.
A partir de entonces requieren no sólo la acreditación del elemento objetivo de la persecución (existencia de un régimen autoritario, de un conflicto bélico o de una situación generalizada de violación de los derechos humanos). También lo hacen respecto del elemento subjetivo que lleva al solicitante a sentir el "temor fundado de ser perseguido". Circunstancia de compleja y difícil demostración, toda vez que la plena prueba de la existencia de un "temor fundado" se aloja en el fuero interno -psiquis y emociones- de quien efectúa la petición de asilo.
Este nuevo Día Mundial del Refugiado sirve para recordarnos la deuda que la comunidad internacional mantiene para con estas particulares víctimas de los conflictos sociales, políticos y económicos, en estos primeros años del siglo XXI.
     
     
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