Lunes 12 de mayo de 2003
  La otra realidad de Chihuido II
 

Por Luz Sapag (*)

  Política es equilibrio, prudencia en el decir y el hacer. Política es mirar desde el fin que se quiere alcanzar al ahora. El fin es el bien común y el ahora es la lucha por alcanzar tal bien.
Política es "tener una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una Nación".
La planificación del destino de los fondos públicos y la atención de las prioridades de la sociedad constituyen importantes responsabilidades del gobierno provincial.
La disponibilidad de fondos públicos provinciales, surgida de las regalías energéticas, representa una "oportunidad" que tienen las generaciones actuales de neuquinos para prepararse con vistas al futuro, especialmente para cuando comience a decaer la producción de los actuales yacimientos petrolíferos y gasíferos.
Creo que a la posibilidad de "disfrutar" de esos fondos públicos en la actualidad, dejando para nuestros descendientes la resolución de sus problemas futuros, se le debe anteponer una visión estratégica del gobernante para amortiguar y, eventualmente, superar los impactos negativos que se prevean para las próximas décadas.
Si bien fijar políticas de Estado constituye una de las funciones esenciales de los gobernantes, no menos importante es asegurar y obtener el mejor resultado de los fondos públicos, promover la transparencia en los proyectos que impulse y atender las prioridades de toda la provincia en un marco de estrategia geopolítica que no descuide la planificación futura, cuestiones que encuentro ausentes en el proyecto Chihuido II.
Chihuido II no se encuadra en el tipo de obras que prevean el desarrollo sostenible que se pretende para el aprovechamiento eficiente y cuidadoso de los recursos naturales, que en definitiva sirven a la calidad de vida de la población. No podemos relegar esta calidad de vida en función del "aparato del desarrollo". Sí podemos y debemos proponer obras que fomenten el desarrollo, siempre que preserven nuestro medio.
Y, si en verdad es posible contar con 350 millones de dólares para una obra como Chihuido II, estoy en condiciones de asegurar que con ese dinero se pueden desarrollar innumerables obras racionales que provean soluciones de fondo para más de una de las zonas más castigadas de la provincia, y no esperar 30 años para ver los resultados prometidos.
Cabe además repasar algunos de los tantos puntos del proyecto que llaman mi atención y que por cierto no comparto, generándome dudas difíciles de responder.
Si bien se habla de un número (350 millones de dólares o más) que implica la construcción de Chihuido II, es imposible conocer el precio real de la obra, puesto que no existen suficientes estudios serios para determinarlo.
Este complejo hidroeléctrico y agroindustrial lejos está de ser un "regalo", pues la provincia -en realidad sus habitantes- lo pagará a través de un importante aporte económico que tal vez llegue a cubrir la mayor parte del costo de la obra. Por lo tanto, debemos ser cuidadosos al analizar la conveniencia de esta "oportunidad".
En el proyecto Chihuido II la provincia del Neuquén concesiona el aprovechamiento hidroeléctrico y agroindustrial por 25 años más 5 años de prórroga, es decir, la empresa concesionaria se convertirá en dueña, con exclusividad, del aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos, y a la vez también de la explotación de las 7.000 hectáreas por 30 años.
Asimismo, de esas 7.000 hectáreas el concesionario sólo está obligado a poner en producción 600 en un plazo de 7 años luego de iniciada la obra, es decir que en el año 2010 estará en marcha menos del 10% de todo el proyecto agrícola.
De las otras 6.400 hectáreas, la empresa concesionaria tiene un plazo de 4 años luego de la adjudicación para "plantear" propuestas a los efectos de captar terceros inversores que estén en condiciones de pagar las obras de infraestructura y acepten las condiciones que establezca el concesionario. La empresa goza de 30 años para poner efectivamente estas hectáreas en funcionamiento, sujeto a la efectiva tentación de inversores. "Plantear" no quiere decir "ejecutar".
Se habla de aprovechar la capacidad ociosa industrial y de servicios oportunamente funcional a la explotación hidrocarburífera. ¿Es esta capacidad ociosa asimismo funcional al nuevo emprendimiento, o requiere de una reconversión? De ser así, ¿cuánto es necesario invertir para que ésta sirva al proyecto agroindustrial?
Las obras de captación y bombeo para riego nos llevan a preguntarnos, ¿quién se hará cargo del gasto de energía para bombear el agua y cuál será su costo?
La concesión contempla la construcción de la presa, las obras accesorias, la línea de transmisión hasta el Sistema Interconectado Nacional, incluyendo los trabajos necesarios para atenuar las crecidas del río Neuquén.
A decir verdad, Chihuido II no regulará por sí solo las crecidas máximas del río Neuquén. No lo haría aun contando con Chihuido I en forma conjunta.
Sólo se regularán las crecidas con obras integrales destinadas específicamente al control de las mismas, ya recomendadas por organismos técnicos especializados en montos accesibles.
El bajo caudal que históricamente se ha detectado en el río Neuquén en esta zona, en algunas épocas del año, no es suficiente para cubrir las necesidades de riego de las 7.000 hectáreas que se pretende aprovechar. Seguramente dirán que ése es el objetivo de la presa: solucionar el problema de la escasez embalsando agua. La pregunta es: si el fin, además de regar, es regular las crecidas, ¿dónde está la capacidad para contener las aguas, manteniendo la cantidad necesaria para satisfacer el requerimiento de riego e hidroelectricidad?, ¿qué será más importante para los intereses económicos, obtener mayor cantidad de energía o cobrar una tarifa a los terceros que inviertan en las 6.000 hectáreas?, ¿cómo equilibrar energía, riego y control de crecidas?
El enfoque agroindustrial del proyecto se promociona además como una forma de solucionar el endémico problema de falta de empleo genuino de las localidades de Cutral Co y Plaza Huincul, prometiendo 5.000 puestos de trabajo permanentes. Los primeros puestos de trabajo no serán permanentes, sino que durarán solamente el período de construcción de la obra. Y como toda obra de estas características, concentra gran cantidad de puestos de trabajo en el momento de máxima construcción, que será escasamente de un par de años. Finalmente la obra culminará y la tan temida desocupación aparecerá nuevamente.
En otro aspecto, y no menor, ¿afectarán la presa y su embalse a comunidades aborígenes? ¿Y el impacto ambiental? Ya se sabe lo que ha pasado en este orden con las represas a nivel mundial. ¿Por qué no poner en producción las 9.000 hectáreas bajo riego que ya tiene Neuquén? ¿Está la provincia en condiciones de endeudarse de esta manera?, pudiendo con otro tipo de propuestas mitigar realmente la desocupación no sólo en las golpeadas Cutral Co y Plaza Huincul, sino también en Zapala, Chos Malal, Piedra del Aguila y Las Lajas, por sólo mencionar algunas.
Para terminar por donde comencé: política es equilibrio, prudencia en el decir y el hacer. Política es mirar desde el fin que se quiere alcanzar al ahora. Y, entonces, cabe la pregunta: ¿Chihuido II es una obra de la política, o es la política de una obra?






(*) Presidenta de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado de la Nación
     
     
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