Lunes 17 de marzo de 2003

 

Mística

 
  Las cosmovisiones de distintas etnias nativas de América tienen notables puntos en común, aún en las antípodas del continente. Y puestos a hurgar, hasta pueden trazarse paralelos entre ellas y las filosofías orientales, al amparo de su profundo sentido místico y una concepción integradora del mundo, donde todo es uno y uno está en cada cosa.
En eso se diferencian de la percepción occidental, acunada en el dualismo entre el conocimiento y los objetos -incluso el propio cuerpo-, que Descartes resumió en "cogito, ergo sum" (pienso, luego existo).
Pero no desespere el lector. No pretende esta columna aventurarse en semejantes honduras, ni esbozar algún desquicio antropológico.
Sólo se procura llamar la atención sobre diferentes formas de ver la realidad, sobre todo cuando las familias mapuches -una de nuestras comunidades nativas- conservan aquella mística pero son capaces de negociar con la habilidad que se adjudican los occidentales como propia.
Hace algo más de una década, la comunidad Flathead, en el límite entre Estados Unidos y Canadá, ganó un juicio sobre la propiedad de las tierras que habían quedado bajo las aguas de un lago artificial, por la construcción de la represa Flat Head. La justicia admitió su derecho, a pesar de que no podían acceder a los campos frente al hecho consumado. Es que para aquella etnia no había forma de escindirse de la tierra, aun cuando estuviese bajo agua. Hubo que pagar.
Chapelco es San Martín de los Andes. Pero la propiedad de buena parte de sus tierras cae en manos de comunidades mapuches, asentadas al pie del cerro.
Hay quienes discuten esos derechos, pero la provincia los ha convalidado desde el momento en que aceptó negociaciones. Así, se está a poco de la escrituración del lote 69B, que abarca unas 352 hectáreas. Será motivo de calma en los días por venir.
Pero a decir verdad, la discusión recién comienza. Es que a la regularización de esa fracción seguirá la mensura y escrituración del lote 69A, que alcanza hasta la estación intermedia del complejo de esquí.
Como en el caso de Flat Head Lake, Chapelco es hecho consumado. Sería absurdo suponer que las comunidades pudieran transformarse por un tris en propietarias de las instalaciones, que en rigor asumen como ajenas. Pero quieren la tierra.
Y el dato viene a cuento porque en pliegues de la provincia se especula con la posibilidad de hacer una transmutación: parte o todo el lote 69A a cambio de otras tierras, incluso en la Tercera Reserva Fiscal. No puede afirmarse lo que aún no ha ocurrido, pero hay buenas razones para anticipar que los mapuches no aceptarían un arreglo semejante.
El punto que inquieta algunos ánimos es que la titularidad nativa obligaría a contar a las familias en la mesa de negociaciones de proyectos futuros.
Como se dijo, la mística de la tierra dicta pareceres entre las comunidades, pero a la hora de negociar no les impide ponerse a tono con el ropaje que usan los que bajaron de los barcos.
Es así que entre las familias se manejan opciones, ninguna de ellas cerradas, pero todas a partir de contar con el título de propiedad en la mano: un canon, un fideicomiso, el usufructo del estacionamiento...
En algunos despachos no se descarta la entrega de la escritura y la posterior expropiación por mandato legislativo, aunque sería un asunto de arduo debate jurídico a la luz de la última reforma constitucional.
En fin. Las hipótesis abundan. Pero una cosa es segura: se está lejos de haber cerrado el capítulo por las tierras de Chapelco.

Fernando Bravo
rionegro@smandes.com.ar

   
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