Sábado 22 de marzo de 2003
 

¿Un vaso medio vacío?

 

Por expertos de Naciones Unidas (*)

  Se da por sentado casi sin discusión que el siglo XXI enfrentará guerras en torno del agua, en cuanto comunidades y países se tornan crecientemente más sedientos y más desesperados por el recurso natural más precioso y fundamental del mundo. Proliferan estadísticas y pronósticos alarmantes de la calamidad inminente.
Un tercio de la población mundial vive en áreas con estrés hídrico, donde el consumo supera al abastecimiento. Para el 2025, dos tercios de la población estarán atrapados en esta horrorosa condición si las actuales tendencias continúan sin freno.
Un quinto de la población mundial no tiene acceso a fuentes de agua potable. Seis mil personas, principalmente niños y en su mayoría en países en desarrollo, mueren cada día como resultado de agua sucia y contaminada. Anualmente, esto equivale a la población de la zona central de París.
La contaminación cloacal de los ríos y mares ha precipitado una crisis de salud de proporciones masivas. El consumo de crustáceos contaminados está causando unos dos millones y medio de casos de hepatitis infecciosa anualmente, resultando en veinticinco mil muertes y otras veinticinco mil personas sufriendo de incapacidad a largo plazo debido a daños al hígado.
Cerca de la mitad de los ríos del mundo se encuentra en condiciones de contaminación y agotamiento graves.
Algunos de los humedales y canales más importantes del mundo, incluyendo el mar Aral y los humedales de Mesopotamia se han encogido, desencadenando calamidades ambientales para la población y la fauna y las pesquerías sobre las cuales dependen mutuamente.
Dos mil millones de personas, cerca de un tercio de la población mundial, dependen de los suministros de las aguas subterráneas. En algunos países, como en zonas de la India, China, Asia Occidental, incluyendo la Península Arábiga, la ex Unión Soviética y la zona oeste de los Estados Unidos, los niveles de las aguas subterráneas están cayendo como resultado de la sobre-extracción. Aguas subterráneas en Europa Occidental y Estados Unidos están también contaminándose en forma creciente por el uso de químicos en la agricultura.
No es sorprendente que pocos puedan ser perdonados por concluir que el vaso de la tierra está medio vacío, más que medio lleno. Que conflictos y disputas inter-comunales e internacionales sobre los recursos hídricos inevitablemente ocurrirán mientras la población asciende por dos mil millones de personas a más de ocho mil millones para el 2050 y el espectro del calentamiento global se apodere en la forma de fenómenos climáticos más extremos, incluyendo sequías.
Pero, si la historia es nuestro guía, podemos tener un sosegado optimismo para la esperanza, que podamos navegar la política hídrica mundial y apartarla de escollos inevitables.
Investigaciones que serán presentadas en el Tercer Foro Mundial del Agua en Kyoto, Japón, y que coincide con el Día Mundial del Agua, han analizado la historia de los acuerdos sobre el agua dulce que datan a más de 4.500 años. Indican que la cooperación, más que el conflicto, ha sido la norma durante los últimos siglos en términos de gestión de ríos y cuencas. De hecho, el trabajo demuestra que a la hora de la verdad, naciones y comunidades más frecuentemente toman el sendero de la paz y comparten más que acumulan los recursos hídricos, ya sea en reservas de agua para beber, protección de la vida silvestre o más recientemente como fuente de energía.
Hay otras señales de esperanza. Hasta la mitad del siglo pasado, muchos de los ríos ubicados en continentes como América del Norte y Europa, y especialmente aquellos que atraviesan las grandes áreas industriales, se encontraban tan contaminados que fueron clasificados como "muertos". Algunos estaban tan contaminados que el agua podía ser usada como tinta y los gases tóxicos que se desprendían y burbujeaban desde las profundidades, podían ser encendidos con un fósforo.
Actualmente, luego de haber invertido miles de millones de dólares en trabajos de tratamiento de agua y en acuerdos con la industria de efluentes, los peces están nuevamente reproduciéndose y migrando hacia las cuencas altas a través de estuarios y tributarios relativamente limpios.
El Támesis en Gran Bretaña fue oficialmente declarado como río muerto hace medio siglo, excepto para algunos pocos gusanos del lodo. Actualmente, pueden encontrarse allí unas 120 especies, incluyendo el salmón migrante.
También se han visto mejoras en el mundo en desarrollo, contrariamente a la creencia popular. En la región del sudeste de Asia, por ejemplo, el acceso a sistemas de saneamiento mejorados entre 1990 y 2000 benefició a 220 millones de personas. Desafortunadamente, el progreso fue desbordado por el crecimiento de la población, que significa que más de 800 millones de personas aún no cuentan con los sistemas seguros y saludables que merecen.
Pero esto muestra que, si existe voluntad política, diplomacia e inversión, es posible lograr cambios reales y que la verdadera esperanza puede reemplazar al desamparo.
La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Johannesburgo, setiembre del 2002) dio al mundo el cianotipo sobre cómo puede lograrse el desarrollo sostenible, el desarrollo que dura y que respeta a la gente y al planeta.
No necesitamos más declaraciones. Necesitamos acción para implementar el Plan de Aplicación de la Cumbre y el extenso abanico de alianzas voluntarias entre el sector industrial, las organizaciones no gubernamentales, los gobiernos y las Naciones Unidas. Muchas de estas alianzas versan sobre el agua y el objetivo de reducir a la mitad, para el 2015, el número de personas que no tienen acceso al agua potable. Esta meta se vincula estrechamente con la mejora de las condiciones de vida de los pobres, que viven en barrios marginales o en asentamientos precarios sin una adecuada vivienda o servicios básicos.
El Día Mundial del Agua es un foco para esta acción y el Foro en Kyoto es una bomba para convertir los textos de Johannesburgo de un goteo a un torrente de actividades. El 2003 es también el Año Internacional del Agua Dulce. Debe desempeñar un rol importante en mantener constante el impulso.
Se necesita una gran cantidad de buena voluntad, imaginación y determinación. No queremos que los pronósticos de desastres y los profetas de la perdición tengan la razón. Por tanto, necesitamos fondos para construir la infraestructura necesaria para obtener un mayor suministro de agua más limpia, más saludable y más abundante. Igualmente, se deben cumplir los compromisos hechos en Monterrey, México, en el 2002, en la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo, para lograr revertir la disminución de la asistencia al desarrollo.
Se está desperdiciando demasiada agua. Es una vergüenza que más del 50% del agua en algunas ciudades africanas se pierda por cañerías con fugas y decrépitas. La agricultura, donde se usa el 70% de agua dulce, es antieconómica. Las tecnologías de goteo o tuberías subterráneas son baratas y simples. Hagamos que estén disponibles ampliamente.
Debemos dar valor al agua, tanto espiritualmente como económicamente. Esto, sin embargo, no puede ser a expensas de los pobres urbanos que ya pagan un alto precio por este recurso. Debemos ser creativos a la hora de poner un precio al agua y ofrecer alternativas económicas y ahorrativas para agricultores, la industria, ciudades y consumidores.
La historia nos ha enseñado que la cooperación en torno de recursos de agua dulce, tal como los ríos, es la norma. También nos enseña que la complacencia no es una opción. Hay más de 150 cuencas de ríos donde existen acuerdos de cooperación inadecuados. Muchos de éstos podrían convertirse en potenciales puntos de inflamación.
Por lo tanto, otra necesidad urgente es que las organizaciones internacionales apliquen las lecciones del pasado para beneficio de las partes presentes y futuras. Actuar como el equivalente hídrico de los consejeros matrimoniales, resolviendo amigablemente las diferencias entres países y comunidades que pueden estarse alejándose, o actuar como mediadores con aquellos que coquetean con la cooperación pero están demasiado inseguros en cómo proceder. Tenemos, al inicio del nuevo siglo, todos los recursos intelectuales, financieros y tecnológicos que necesitamos para superar las actuales y futuras crisis de agua.
Como el agua que todos apreciamos tanto, no la desperdiciemos.


(*) Nittin Desai (Departamento para Asuntos Sociales y Económicos de la ONU), Mark Malloch Brown (administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD), Klaus Toepfer (director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente-PNUMA), Koichiro Matsuura (director ejecutivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura- UNESCO), Anna Tibaijuka, directora del Programa Hábitat de las Naciones Unidas), Carol Bellamy (directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia-UNICEF).
     
     
Tapa || Economía | Políticas | Regionales | Sociedad | Deportes | Cultura || Todos los títulos | Breves ||
Ediciones anteriores | Editorial | Artículos | Cartas de lectores || El tiempo | Clasificados | Turismo | Mapa del sitio
Escríbanos || Patagonia Jurásica | Cocina | Guía del ocio | Informática | El Económico | Educación