Jueves 27 de marzo de 2003
 

La sombra de la guerra

 
  Puede entenderse la frustración que sienten algunos políticos -y el alivio evidente de los demás- por el estallido a pocas semanas de las elecciones presidenciales de la guerra más mediática de todos los tiempos. Como ha señalado Ricardo López Murphy entre otros, la invasión de Irak por las fuerzas anglonorteamericanas se ha convertido en una inmensa distracción que opaca por completo los debates en torno del porvenir del país que deberían estar celebrándose. Tiene razón: justo cuando el país debería estar privilegiando sus propios problemas internos, las calles de todas las ciudades están agitadas por manifestaciones en contra de algo que sucede a miles de kilómetros de distancia. De todos modos, de los candidatos principales, López Murphy tiene los mejores motivos para sentirse molesto: luego de un inicio incierto, su campaña ha prosperado tanto últimamente que según algunas encuestas de opinión podría lograr el primer puesto en la Capital Federal y, quizás, en otros distritos importantes también. Por lo tanto, teme que de enfriarse la campaña se eliminará la posibilidad de que siga avanzando en las semanas finales cuando, prevé, los votantes se pondrán más serios. Otro candidato perjudicado por la guerra, si bien por razones que son muy distintas, ha sido el ex presidente Carlos Menem, político que se ha visto calificado de belicista por su compromiso con Estados Unidos y por haber ordenado la participación argentina en la Guerra del Golfo de comienzos de los años noventa. En vista del clima antinorteamericano que se ha apoderado del país, la presunta amistad de Menem por la familia Bush le resultó decididamente inoportuna.
Aunque es de suponer que la nueva configuración internacional que surja después del conflicto en el Medio Oriente incidirá en el futuro del país, en el fondo no cambiará mucho. Pase lo que pasare, Estados Unidos continuará siendo la nación más rica y poderosa de la Tierra, de suerte que los eventuales beneficios de oponérsele de forma sistemática y emotiva serán escasos, mientras que las desventajas para un país que, le guste o no le guste, está ubicado en su esfera de influencia podrían resultar enormes. Asimismo, la Argentina seguirá viéndose frente a las consecuencias del default que le ha supuesto una reputación lamentable en el mundo de las finanzas internacionales y, lo que es más significante aún, continuará siendo un país muy poco productivo que sencillamente no está en condiciones de satisfacer las expectativas mínimas de sus habitantes. Convendría, pues, que los diversos candidatos pensaran menos en propagar sus puntos de vista por lo común ingenuos acerca de la política internacional para concentrarse en sus propuestas concretas, pero por ser éstas tan nebulosas en los casos de Néstor Kirchner, Elisa Carrió y Adolfo Rodríguez Saá, no sorprendería que los tres aprovecharan la oportunidad que el mundo exterior les ha brindado para no tener que hablar de asuntos que podrían estar en condiciones de modificar.
Por ser tan imprevisible la evolución de todas las guerras, el cuadro de situación que según parece impera un día puede verse totalmente desactualizado al siguiente, razón por la cual un político experimentado no se permitiría influir demasiado por pasiones acaso pasajeras ocasionadas por los informes más recientes. Por cierto, al país no le ayudaría mucho que un nuevo gobierno, elegido cuando muchos esperaban que Estados Unidos resultara humillado por las huestes del dictador Saddam Hussein, asumiera en un momento signado por el triunfalismo norteamericano. No se trata de querer estar al lado del ganador, sino de tomar decisiones importantes sin dejarse ofuscar por emociones. En esta materia, la experiencia del país ha sido aleccionadora: muchos errores garrafales cometidos por el primer gobierno de Juan Domingo Perón se debieron a que los grupos que más lo habían apoyado se formaron cuando el nazismo parecía imbatible y que aun después de la victoria aliada estaban convencidos de que pronto Estados Unidos sería jaqueado por la Unión Soviética. Desgraciadamente para el país, las estrategias entonces adoptadas, las que andando el tiempo nos llevarían a la "crisis terminal" del año pasado, resultaron ser radicalmente equivocadas.
     
     
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