Viernes 17 de enero de 2003
 

Maniobras infantiles

 
  Al parecer irritado por la difusión de la idea de que estaría dispuesto a pagar las deudas pendientes con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo antes de firmarse un miniacuerdo con "el mundo" y no, como le gustaría, después, el ministro de Economía Roberto Lavagna sorprendió a muchos optando por regresar a su postura original acusando, como ya es su costumbre, a sus interlocutores de inventar nuevas exigencias para entonces rubricar la carta de intención que sería analizada en Washington. Mientras tanto, el vocero del Fondo, Thomas Dawson, dijo que a pesar de todo el acuerdo se vería formalizado dentro de "36" horas. Puesto que tanto está en juego, el país tiene derecho a saber cuáles fueron los motivos auténticos de Lavagna para amagar con no firmar nada en un momento y cambiar de parecer en el próximo. ¿Está sinceramente convencido de que el país se vería beneficiado si demorara hasta el último momento un acuerdo mínimo, sin muchas condiciones, con el FMI? ¿O es que sólo ha querido brindar la impresión de que es un negociador duro y astuto que es plenamente capaz de enfrentar a los representantes más conocidos de la burocracia financiera internacional? Puesto que no existen razones para creer que a esta altura las maniobras de Lavagna sirvan para mucho, parece evidente que lo que más le ha interesado es confundir a los políticos y otros que están en favor de romper por completo con el FMI y otros organismos afines, objetivo que, obvio es decirlo, comparten algunos "neoliberales" que también quisieran que la Argentina procurara desvincularse del resto del planeta para que su destino sirviera de advertencia a los tentados a declararse reacios a pagar sus deudas. Sin embargo, en vista de los riesgos concretos que plantearía tal ruptura, al país le convendría que el ministro dejara de intentar hacer pensar que es un luchador habilidoso dispuesto a ir a cualquier extremo. Por atractivos que pudieran parecerle a Lavagna los beneficios políticos del espectáculo que ha estado brindando, para el país sería mucho mejor que se concentrara en cumplir su trabajo, que consiste en manejar la economía nacional.
Por lo pronto, la intransigencia de la que ha hecho gala Lavagna ha contado con la aprobación de la mayoría no sólo de los políticos locales, sino también de muchos economistas que han llegado a la conclusión de que el FMI se ha puesto irracionalmente duro hacia el país por motivos relacionados con el perfil ideológico y los prejuicios personales de sus directivos. Asimismo, toda alusión crítica a los presuntos errores estratégicos del Fondo que formulan expertos extranjeros repercute aquí, contribuyendo a consolidar la impresión de que se trata de una institución dominada por "ortodoxos" inflexibles, insensibles y políticamente ingenuos. Sin embargo, aunque no cabe duda de que a veces el FMI sí se ha equivocado -si fuera infalible, ya no habría problemas económicos en ninguna parte del mundo-, cuesta tomar en serio la noción de que los encargados por los gobiernos de los países ricos de la tarea de supervisar las finanzas internacionales sean extraordinariamente incompetentes, mientras que Lavagna o cualquier otro integrante del equipo que acompaña a Duhalde haya encontrado la forma de poner fin a la crisis económica argentina.
En buena lógica, los resultados nada felices de largas décadas de populismo "productivista" interrumpido esporádicamente por intentos desprolijos de sanear las finanzas nacionales deberían haber servido para convencer a la mayoría de que las tradiciones económicas nacionales dejan algo que desear mientras que en términos generales la "ortodoxia" ajena ha mostrado tener ciertas virtudes. Desafortunadamente, parecería que el país ha reaccionado ante las desgracias de los años últimos de una forma diametralmente opuesta, aferrándose con más fervor a las teorías económicas propias del peronismo bonaerense y repudiando con mayor indignación a las reivindicadas por aquellas sociedades que, sus presuntos errores conceptuales no obstante, se las han arreglado para prosperar, razón por la que parecería que pocos consideran preocupantes ni los juegos absurdos con que Lavagna se ha estado entreteniendo ni la resistencia terca del gobierno de Duhalde a adoptar políticas que sean "sostenibles".
     
     
Tapa || Economía | Políticas | Regionales | Sociedad | Deportes | Cultura || Todos los títulos | Breves ||
Ediciones anteriores | Editorial | Artículos | Cartas de lectores || El tiempo | Clasificados | Turismo | Mapa del sitio
Escríbanos || Patagonia Jurásica | Cocina | Guía del ocio | Informática | El Económico | Educación