Sábado 4 de enero de 2003

 

La vieja música popular de nuestro pueblo

 
  Cuando las semanas postreras del año se desgranan como cuentas de un collar imaginario, nuestro espíritu se doblega ante las ingratitudes del tiempo transcurrido. Al disponernos a escribir una nota, aventamos los temas ríspidos, las reflexiones positivas; y a la pesada crisis que nos envuelve la rechazamos para dar paso a la magia de los años pasados y de los personajes clonados por el recuerdo.
Nuestra ciudad era un páramo que dolorosamente, todos los días, peleaba por una vida mejor, en medio de las dificultades.
Insólitamente, entre los ventarrones y el traqueteo de los sulkys surgían atisbos de urbanismo y convivencia. En la monótona policromía de almacenes grises y de peluquerías ruidosas se perfilaban los personajes y las costumbres que le dieron personalidad a General Roca y su gente.
Si algún joven hurgara entre los recuerdos familiares encontraría, por ejemplo, la tradición de la vieja música ciudadana, que se expresaba en el culto de los tangos acompasados y de los valses románticos. Y en el escenario de esta remembranza aparecerían las figuras de aquellos músicos lugareños y de alguna orquesta "típica" que en la bruma de una "kermesse" navideña arrastraba las notas de "La Cumparsita".
Durante largos años, el mercado de los festejos en el viejo Teatro Español era amenizado por el conjunto dirigido por Juan Pérez Fernández, "Juancito", peluquero y bandoneonista que cubrió un largo período de nuestra colorida historia sentimental. Entre sollozos del "fuelle", las melodías del violín y las percusiones de la "batería", un lánguido muchacho de aquella época, lustroso de brillantina barata, lanzaba sus dramáticos quejidos desde el palco donde las contorsiones de los músicos atraían las miradas del público.
El director de este conjunto compuso, a fines de los años veinte, un tango dedicado "al doctor Ismael Fernández Bernardo", presidente del club Deportivo Roca, antecesor del actual, que compartía con "Latino Americano" la pasión futbolera de los muchachos de entonces. El tango llevaba el nombre "Verde y Blanco", que eran los colores de aquella parcialidad deportiva.
Otro integrante del conjunto era el violinista Antonio Raide, perteneciente a una antigua familia, de la que perduran descendientes muy conocidos entre nosotros. El también aportó lo suyo a la música popular y lanzó al ruedo una "ranchera" que se difundió rápidamente en escenarios menores del ambiente local. Se llamaba "Hay baile en lo de Maestriani", un personaje no muy calificado del submundo barrial de aquellos tiempos, y que era popularmente conocido como "Gorra colorada", y nombrado como "don Gorra" por las vecinas de su entorno.
Para completar una terna, debo aludir a una composición de calidad impecable: el hermosísimo "Viejo Tango", del profesor Angel C. L. Fava, querido y recordado ejecutor y músico que durante muchos años dirigió el conservatorio "Clementi", por donde desfilaron varias generaciones de chicos roquenses que aprendieron con Fava sus clases de piano. Este tango, del año 1930, tuvo como letrista a Carlos Fernández Días, viajante y amigo de Fava, y fue grabado en una notable versión por la orquesta del maestro Roberto Firpo.
No hace muchos años logré hacerme de un disco de esta creación de Fava, y desde mi domicilio lo llamamos por teléfono, y pudo escucharlo, muy exaltado y satisfecho, porque, siendo él autor de esta composición, no había logrado conservar esa grabación. Hace un tiempo le dejé este disco, casi inhallable en la actualidad, a un amigo que se comprometió a transferirlo a un video; voy a aprovechar esta reminiscencia para tratar de recuperarlo.
Mientras escribo estas líneas, me estoy preguntando sobre la coherencia de las mismas y su motivación, cuando tantos densos temas de la actualidad agobian nuestra mente y perturban la vida cotidiana. No es mi propósito, repito, eludir nuestra responsabilidad social en el tratamiento de las cuestiones que afligen la vida de los argentinos. Simplemente he optado por retornar a un tramo lejano de mis recuerdos de adolescente, porque siento que allí conviven nuestras mejores tradiciones y están definitivamente instalados los seres queridos que nos iluminan con su magia.
Por las Fiestas, desde mi corazón solitario, que acompaña a los amigos de siempre, rescato los días que pasaron y las figuras que se fueron, porque en ellos sobreviven los mejores valores de nuestra vida.


Pablo Fermín Oreja
   
    ® Copyright Río Negro Online - All rights reserved    
     
Tapa || Economía | Políticas | Regionales | Sociedad | Deportes | Cultura || Todos los títulos | Breves ||
Ediciones anteriores | Editorial | Artículos | Cartas de lectores || El tiempo | Clasificados | Turismo | Mapa del sitio
Escríbanos || Patagonia Jurásica | Cocina | Guía del ocio | Informática | El Económico | Educación