Lunes 29 de abril de 2002

 

Wei Hui, la otra revolución china

 

Wei Hui rompió los pactos de silencio y en "Shangai Baby" habló de las cosas que sólo se susurraban en China. Ahora su libro es un best seller tanto en Europa como en la Argentina, donde lo presentó en la Feria del Libro.

 
Buenos Aires, (Télam).- Con una historia plagada de reflexiones sobre el sexo y las drogas, la escritora china Wei Hui está a punto de convertirse en uno de los fenómenos literarios del mercado local: su novela "Shangai Baby", que presentó en la Feria del Libro, ya agotó los 9.000 ejemplares a menos de un mes de su aparición y amenaza con repetir el éxito obtenido en países como Gran Bretaña, Francia y Alemania.
Cuando el gobierno chino decidió prohibir la obra de Hui bajo los cargos de "decadente, viciosa y esclava de la cultura extranjera", no imaginó que la censura iba a generar el mismo efecto que la más costosa de las estrategias publicitarias. ¿De qué otro modo sino hubiera podido vender dos millones y medio de ejemplares piratas sólo en China?
No sólo eso: la anécdota sobre la prohibición acompañó y garantizó récords inmediatos en los 23 países donde se publicó, incluida la Argentina, donde después de arrasar con 9.000 volúmenes ahora va por una nueva edición de 5.000.
La autora de "Shangai Baby" -una obra que recrea temas todavía polémicos para los chinos- es una joven de 30 años que parece haber desterrado hace rato el recato típico de su cultura, como confirma el atuendo que luce: vestido de satén rojo con un tajo que arranca casi en la cadera, medias negras de red y unos altísimos tacos aguja.
"Hacer el libro fue toda una liberación para mí -relata Hui-. Cuando lo escribí, China estaba todavía bastante cerrada a Occidente y yo sentía como una llama rebelde que me llevaba a sentirme muy seducida por todo lo que tuviera que ver con esa "cultura prohibida".
"Hoy en día mi pensamiento ha cambiado bastante, porque al estar viviendo en Nueva York puedo ver con más claridad muchos defectos de la vida occidental -destaca-. Por ejemplo, en Nueva York es posible que un vecino de departamento se muera y pasen varios meses sin que nadie se entere: eso habla de cierta carencia en las relaciones interpersonales".
"También creo que el desarrollo del materialismo ya llegó a su extremo en Occidente: su consecuencia más visible es la aparición de la violencia. En ese sentido hay que destacar el componente simbólico del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, ícono de la ambición", analiza la escritora.
Hui nació en una pequeña isla de la costa este de China y su padre fue un estricto oficial del ejército chino que durante la tres años la internó en un templo ocupado por el ejército, del que los monjes habían sido expulsados durante la Revolución Cultural. Estudió Literatura en la Universidad Fudán y escribió varios libros de relatos.
"Shangai Baby", editada por Emecé, es la historia ("semiautobiográfica" según la autora) de una joven periodista que abandona su trabajo para dedicarse a escribir una novela y a sus dos hombres: Tian Tian -un joven artista chino de quien está enamorada pero quien no la satisface sexualmente- y Mark, un ejecutivo alemán que le procura el placer que su amado no puede.
"Una de las críticas que se le hace al libro es al hecho de que una mujer china se acueste con un hombre extranjero. Esto fue tomado como un acto inmoral porque se interpretó que la protagonista se estaba acostando simbólicamente con toda la cultura occidental", señala Hui.
"Obviamente yo no comparto esa lectura porque considero que la liberación de las mujeres chinas abarca aspectos más complejos relacionados con una independencia económica y psicológica que no tiene nada que ver con la influencia de la cultura occidental", explica.
Más allá del desparpajo con que reproduce algunos hábitos de Occidente, la obra de Hui es también un registro de la liberación que han experimentado las mujeres en China en los últimos años: "Las mujeres chinas tienen mucho más posibilidades ahora que el mercado se ha abierto a las inversiones extranjeras. Al tener más ingresos nosotras conseguimos más libertad en el plano sexual y la posibilidad de acceder a una mejor educación".
"Mi mamá tuvo un solo hombre y en los cuarenta años de su vida matrimonial nunca se escuchó hablar de adulterio. Para mis padres, mantener una vida estable es una virtud, la felicidad. Pero las mujeres jóvenes como yo son muy ambiciosas: buscamos cambios... no nos gusta la estabilidad eterna", concluye Hui.
   
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