Domingo 30 de diciembre de 2001

 

Camino al centenario: Bandidos asedian a policía de Nahuel Huapi

 
  De los 29 descensos por el Limay de Otto Mühlempfordt desde la pequeña población Nahuel Huapí (boliche, policía y telégrafo), el más largo y de pasajeros ilustres -del 11 de marzo de 1904- llevó a Aarón Anchorena. Pero poco antes del Gran Rápido de Traful subió a bordo el dentista norteamericano George Newbery -tío del célebre Jorge Newbery- en viaje a Chelforó.
En Nahuel Huapí de relatos de ahogados pasaron a los de tierras de colonos: es que el mismo día partió en carruaje para Buenos Aires el agrimensor Mario Emmel con un centenar de poderes otorgados en 16 de Octubre y en Bariloche: los suscribieron los colonos esperanzados a 400 pesos cada uno. En diciembre se anunció que Eliseo Schieroni iría a Nahuel Huapí a realizar la agrimensura. La aventura por el Limay de 16 años después de Andrés Belotsvetov y Sergio Kouscheleff, narrada en el libro del primero ("Río Limay"), se nutrió de otras curiosidades.

Japoneses en las aguas

Belotsvetov contó que se echaron al Ñirihuau y por el lago hasta la embocadura del Limay. El dúo partió ante vecinos y consejeros de datos inútiles menos los del balsero del lugar, un japonés del que guardaron agradecido recuerdo. Balseros y balsas de aguas abajo llevaban cinco años de transbordar autos de correo y pasajeros, carromatos que sobrevivieron en fotografías.
Ese fin de año Isidoro Ruiz Moreno el impulsor del servicio de automotor desde 1915, acompañó en viaje de placer a los ministros de Japón y de Alemania. La permanencia corta y de buen tiempo permitió un paseo lacustre que el alemán siguió para Chile y la colonia Llanquihue. Pero Ruiz Moreno -señora e hijo- y el ministro japonés y señora, querían pasar la Navidad en San Martín de los Andes. Pero en el río Ñirihuau el automóvil se empantanó y quedaron sin poder apearse y en peligro. Fueron tres horas hasta que pudieron zafar con bueyes. Los corresponsales coincidieron en que con "este percance el director de territorios se convencerá de la necesidad de construir los puentes tantas veces reclamados".
Aludían a Ruiz Moreno que proclamaba la seguridad. Ese año en Chubut fue abatida la bandolera inglesa Elena Greenhill -ex de Astete, ex de Coria- y atrapado su último compañero Martín Taborda.
Antecedentes parecidos sobraban en el Ministerio. Nahuel Huapí resultaba lugar predilecto de bandidos en los expedientes que se mantenían impunes hasta el "archívese". Uno denunció que el bandido chileno Soto "dio muerte de dos balas de Winchester al súbito holandés Enrique de Fries en el Nahuel Huapí y robó una yegua a Pérez Garret" el 12 de abril de 1909. El telegrama del 20 de abril al gobernador Elordi rogaba "se pida al gobierno chileno la captura de Manuel Jesús Soto, chileno, alto 1 metro 72 centímetros, edad 35 años más o menos, ojos negros, boca grande, nariz ídem, labios gruesos, bigote negro crespo, pelo negro. Viste traje de corderoy color plomo. Está en Osorno".

Muerte de Manuel Astete

En enero de 1904, no lejos de la confluencia del Collón Cura y el Limay desapareció Manuel de la Cruz Astete, de a caballo y cerca de la estancia que regenteaba con su esposa, la más tarde "tristemente célebre" Elena Greenhill. Apareció en un zanjón, asesinado con arma blanca y junto a su caballo, también muerto, el 20 de noviembre. Fue el suceso inicial de una sabrosa -muy documentada- historia del bandolerismo patagónico. Las policías territoriales quedaron sensibilizadas y no causaron sorpresa los telegramas de los gobernadores Bouquet Roldán (Neuquén) y Eugenio Tello (Río Negro) del 29 y 30 de diciembre de 1905 –respectivamente- al ministro del Interior Rafael Castillo. El primero llegó -a las 21:15- con el típico laconismo telegráfico: "Acabo de recibir noticias oficiales que confieren gravedad situación en Nahuel Huapí que encuéntrase rodeados considerables partidas de bandoleros chilenos. Tengo orden requerir al 3 de San Martín de los Andes para que despache piquete importante en persecución de los asaltantes". El otro telegrama contenía información policial de Bariloche: los "bandoleros chilenos en número considerable se encuentran rodeando Juzgado y Comisaría de Nahuel Huapí, territorio del Neuquén para asaltarlo". También decía el inspector policial Aquino Quiroga que se trasladaba al Limay con el capitán Brunetta, 3 soldados del destacamento local, el comisario Alanís e igual número de vecinos, aunque "tengo sólo 30 tiros, pero esta policía cumplirá su deber dignamente".

Ardid de un comisario

Del suceso no quedaron rastros prolijos. El telegrama del 3 de enero de 1905 despachado en Nahuel Huapí alertaba: "Urgente. Comunico a VE que regresó agente Bea de Caleufú trayendo preso a Victorio Ruiz uno de los asaltantes de la comisaría que se fugó el 29 último. Agente Bea fue atacado costas Caleufú recibiendo un balazo atravesándole el cinturón y ropa interior. Se comprueba ser cantidad de bandoleros. Ruiz declaró que lo ayudó a fugarse el agente Pedro Gallardo (que era chileno) quien está preso y he dado de baja por traidor. A pesar de estar atado Ruiz se soltó e intentó fugarse esta madrugada pero lo sentí y le hice fuego resultando muerto. El complot tiene proporciones. Ordené ir Junín mandé refuerzos proteger oficial Parsons que está en Costa Caleufú, casa Urrutia". Concluía anunciando la salida del comisario inspector para levantar el sumario y reclamaba personal. Las cordilleras fueron recorridas también en demanda de los asesinos de Astete. La Nación del 27 de febrero dio cuenta del apresamiento en Cuyín Manzano de Manuel Salazar "que ha declarado ser el autor del bárbaro crimen de hace un año del estanciero Juan (equívocamente por Manuel) de la Cruz Astete" por la eficiente batida del policía neuquino De la Serna. El 6 de marzo La Nación publicó su llegada a Neuquén no sólo con el confeso asesino de Astete (Salazar) y otros delincuentes, sino con "el ex comisario Miguel Cano que dio muerte en el lago Nahuel Huapí a Victorio Ruiz". Es decir que Cano utilizó el viejo ardid de fuga aparente. También en el Ministerio otro telegrama neuquino del l8 de enero decía que el comisario Benavídez capturó en Ñorquín a Juan A. Sepúlveda "presunto asesino de estanciero Astete". Es que las confesiones se arrancaban sin sutilezas.

fnjuarez@interlink.com.ar

   
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