Domingo 23 de diciembre de 2001
 

Ana Quiroga: "La gente se está defendiendo"

 
 
La palabra "crisis" queda chica para definir la situación de la sociedad argentina a la luz del deterioro de su calidad de vida?... ¿Estamos ante una situación "catastrófica", como caracterizaba Pichón Riviere las características que suelen tener estos procesos?
- Desde la perspectiva de la psicología social, hablamos más de situación de "emergencia social" que de crisis. Se lo hace cuando se agudizan y aceleran los procesos de deterioro social y la consecuencia es la desestructuración de una situación previa. Ante ello emerge lo inaplazable, lo imperioso que tiene la necesidad de una respuesta a problemas sociales tan primarios como los que tiene la Argentina de hoy.
- ¿Qué define a esos problemas?
- La magnitud que alcanzan. A los sectores históricamente postergados, se han incorporado ahora enormes mayorías. Desde este punto de vista, el nivel de quiebre de lo cotidiano que tiene la crisis en la emergencia es cualitativamente más intenso.
- A los problemas sociales se le suma la extensión de la anomia y todo en el marco de creciente anarquía en las relaciones del conjunto de la sociedad. ¿Cómo se puede manejar este coctel?
-Creo que hay que analizar cuáles son las relaciones entre el orden social y lo psíquico . Sucede que hay una relación donde no es posible pensar lo psíquico sin lo social. El orden sociohistórico es un orden de relaciones entre personas. En consecuencia, de cara a lo que nos está sucediendo, lo que se genera es una situación de mucho sufrimiento. ¿Pero qué sucede? Que si aceptamos que la normativa, las instituciones y las relaciones sociales que hacen al orden socio histórico cumplen una función de sostén, de apoyatura y de referente para el psiquismo humano, ante procesos como el presente, colapsan todas esas referencias. El resultado inmediato es un fuerte impacto de ese colapso sobre el individuo, es el momento donde la crisis...
- ¿Desamparo total?
- No necesariamente.
- ¿Qué quiere decir "no necesariamente"?
- Lo explico, lo explico.Un proceso con esa dinámica no implica que el ser humano quede a merced de los acontecimientos. Sentirse a merced de acontecimientos que no se dominan, conlleva a una de las vivencias más penosas de la crisis... se se incrementa la angustia y la confusión por la pérdida de proyectos. También por la pérdida de sentido del presente. Sin embargo esta situación no impacta a la gente de modo homogéneo. Hay personas -por caso-, que en el seno de una crisis, se entregan a la desesperación. Otras, en cambio, conservan una organización interna y encaran la situación desde una perspectiva más sólida en lo que hace a su defensa...
-¿Qué significa en este cuadro "una organización interna"?
- Que -por ejemplo-, pueden mantener sus redes solidarias o bien han construido formas de organización social que le dan sostén en el medio del fuerte golpe que implica la crisis. Hay un sentido en el medio de un fuerte trauma . Así, tenemos que en estos momentos, muchos de los que se juntan para luchar desde adentro de la crisis para cambiar el rumbo en que ésta los fue sumergiendo, por el solo hecho de juntarse y operar en conjunto, están mejor posicionados que los sujetos aislados...
- O sea que el aislamiento es sinónimo de debilidad y no necesariamente fuerza desde la autoestima...
- El aislamiento tiene un efecto verdaderamente fragmentador de frente a la crisis. Debilita, resta fuerza... Es fragmentador en en plano de lo social ya que fractura los lazos entre las personas.
- Paradigma: no aislarse.
-Esencial. Buscar junto a otros una comunidad de intereses e iniciativas que sirvan al conjunto.
- Van Dyck, el semiólogo holandés, sostiene que el aislamiento de los seres en situaciones de crisis, es una consecuencia de lo abrumador del discursos del Nuevo Orden. O sea, que ante los problemas que derivan de ese orden y lo afectan, el ser humano se siente algo así como... "humillado". ¿Que reflexión le merece esto?
-Aquella gente que en el marco de la crisis pudo reconstruir lazos comunitarios, lazos familiares, lazos sociales, encara esta situación de emergencia, no digo que sin sufrimiento, porque muchos de ellos son los que en el plano material peor están, pero creo que muchos de los desocupados no están aislados y se han dado una organización para defender sus vidas, sus dignidades. No estoy hablando de personas que -por caso-, ante los hechos de estas horas, actúan delictivamente, sino de las personas que luchan por sus derechos. Desde esta perspectiva, ante aquel discurso, esta gente, resiste deslizarse hacia esa "humillación"...
- Si seguimos esa línea de razonamiento se concluye que a partir del discurso de la globalización, desde lo psíquico la percepción de la desocupación tiene -para quien la sufre-, perfiles muy terminantes. ¿Es así?
- Sucede que, frente a la pérdida del trabajo, que no es cualquier pérdida sino que es una pérdida que golpea en el centro de nuestra identidad dado que el ser humano es lo que es en función del trabajo, frente a esa pérdida, la persona se siente responsable. Este sentimiento se comenzó a sentir fundamentalmente a partir de los ochentas con toda la fanfarria del discurso de la globalización. Pero ese asumir responsabilidades fue una gran trampa porque cuando el ser humano asume como propia una responsabilidad que es social, en ese momento, su psiquis comienza a estar bajo riesgo psíquico. En cambio, cuando hace una lectura más prolija de su situación, llega a la conclusión de que es víctima de un proceso que él no define... no maneja. A partir de esa conclusión conoce que hay otra gente en la misma situación que él. Consecuencia: esa persona está ante la posibilidad de articular una salida con otros.
- Una vez lograda esa articulación, ¿qué consigue?
- Reconocerse en lo que la situación previa a la pérdida del empleo les había hecho perder: o sea sentirse sujetos con poder, sujetos sociales con poder. Y desde ahí, luchar por su dignidad.
- ¿Esto está sucediendo en la Argentina?
- Sí, sí... es la gran enseñanza que nos está legando este drama que es la desocupación.
- ¿Cómo juega el enojo, la irritación, el dolor en todo este tema?
- Bueno, el dolor que se siente al perder ese rasgo de la identidad que es el trabajo, está acompañado por un fuerte sentimiento de ira y de frustración... Entonces, por momentos, domina el dolor y por momentos domina el enojo y la irritación.
- El hecho que la gente se organice desde el dolor, desde la resistencia a la humillación, y se organice gestionando ella misma esa unión, o sea sin esperar nada desde lo institucional o normativo, ¿Tiene que ver con el desencanto que existe con la política?
- ¡Por supuesto!... Está mencionando algo importante. Hay un quiebre entre representante y representado. Hoy los supuestamente representados sabemos que los representantes no expresan nuestros intereses ni nuestras necesidades. Esta realidad, cuando embarga a los sectores más castigados por la crisis, están recorridos por una cierta democracia que procura una representación revocable de sus intereses... Así funcionan la organizaciones que se van dando entre vecinos, entre desocupados. Y lo de revocable es importante en tanto que dice que no es una delegación definitiva de la representación, sino que el poder sigue residiendo en el conjunto de quienes están planteando reivindicaciones.
- ¿Que implica el ejercicio de esta democracia de representación revocable?
- La posibilidad que, con el correr del tiempo, se retorne a una idea para el manejo de las cuestiones públicas, de una idea de representación que como consecuencia del desvío de lo político, esta totalmente destruida.

Cuando la crisis atomiza

"El cambio en la estructura socioeconómica de la Argentina en los últimos veinte años ha conducido a una brutal redistribución de los ingresos de los sectores pobres a los ricos y a un fuerte proceso de concentración de la riqueza. Hoy no sólo los pobres son más pobres que antes, sino que los que no eran pobres ahora forman parte de esta categoría.
"Sectores que por cultura e ingreso pertenecían a las clases medias hoy se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Estos sectores han sufrido no sólo un empobrecimiento en términos materiales sino que también se han empobrecido en términos psicosociales , a través de la erosión de la condición de ciudadanía y de la autoestima. La vida cotidiana de estos grupos está atravesada por la idea de evitar la amenaza más temida: la movilidad social descendente, como proceso que pone fin a la construcción ideal del futuro en la que fueron socializados. En estos segmentos, la crisis privatiza, aísla y atomiza".

("La exclusión social en Argentina: novedades y perspectivas; María Eugenia Piola; "Scripta Nova", Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, 1999)

"Caer en una especie de montaña rusa emocional"

"El trabajo es un factor de autorrealización, pero el trabajo asalariado (empleo) también genera alienación en el sistema que vivimos, tanto desde el punto de vista económico como psicológico, ya que el individuo vive como elección propia lo que es en realidad imposición y modelaje; no logra sentirse feliz con su empleo y toma las malas condiciones como "naturales".
"Para mantener el orden social hay necesidad de instalar dos procesos complementarios: la coerción y el consenso. El primero es viabilizado por la familia, las instituciones y el Estado. El segundo busca el consentimiento y la complicidad a través de la propaganda. Lo psicológico actúa entonces como mediador por la presión de la ideología de cada individuo que así se hace agente inconsciente de la perpetuación de un orden.
"La alienación social y psicológica acarrea, por lo tanto, conflicto con el medio social a través del desarrollo de defensas inadecuadas y una peculiar manera de significar el conflicto, atribuyendo una culpabilidad inconsciente que favorece la aparición de defensas de sometimiento (inadecuadas). La dependencia impide el conocimiento de la realidad que se estructura sobre modelos de dominación.
"Cada vez se trabaja más y por salarios más bajos; al mismo tiempo, el sistema expulsa a un número mayor de sujetos con capacidad productiva y condiciones creativas. Ahora bien, nos interesa exponer qué impacto acarrea tal situación en la subjetividad de cada uno, y de qué forma esto afecta a la salud mental individual y colectiva. Es bastante evidente que el desempleo prolongado perturbará totalmente el sistema de necesidades fundamentales de la gente. Debido a los problemas de subsistencia, la persona se sentirá cada vez menos protegida; las crisis familiares y los sentimientos de culpa pueden destruir las relaciones afectivas; la falta de participación dará cabida a sentimientos de aislamiento y marginación, y la disminución de la autoestima puede fácilmente provocar crisis de identidad.

"Según Max - Neff (1966) un individuo bajo una situación de prolongado desempleo cae en una especie de "montaña rusa emocional", la cual comprende, por lo menos, cuatro fases: a) Shock, b) optimismo, c) pesimismo, y d) fatalismo. La última etapa representa la transición de la inactividad a la frustración y de allí, a un estado final de apatía donde la persona alcanza su más bajo nivel de autoestima".

"Esto trae un impacto subjetivo de importancia el cual, a su vez, provoca trastornos de identidad, depresiones, desvalorizaciones, ruptura de vínculos, derrumbe de proyectos existenciales. De estos hechos y de su legitimación ideológica emerge un movimiento de dispersión social, de alteración en los procesos identificatorios y fractura en los lazos solidarios, que constituyen el soporte del ser del sujeto, condiciones del psiquismo y de su historia".

( "Estado, Salud y Desocupación";Inés Cortazo y Cecilia Moise; Ed. Paidós, Bs.As. 2000)

Susana Yappert
Carlos Torrengo
ctorrengo@rionegro.com.ar

   
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