Domingo 25 de noviembre de 2001

 

Camino al centenario: Teodoro Roosevelt llega a bordo del Cóndor

 
  A las cinco de la tarde del 30 de noviembre de 1913, luego de la travesía lacustre y a lomo de caballo por el paso Pérez Rosales, el ex presidente norteamericano Teodoro Roosevelt arribó en el vaporcito Cóndor al muelle de la Chile Argentina (frente al hoy Centro Cívico). Lo acompañaba, entre otros, el perito Francisco P. Moreno, en su último viaje a la región querida. Los encumbrados personajes acababan de cruzar a caballo desde Peulla (donde quedó la comitiva chilena) hasta laguna Frías y una revista norteamericana los eternizó en una foto. Parecían dos veteranos y obesos vaqueros nostálgicos.
En ese tramo de la travesía lo seguí un hijo del ex presidente, otros acompañantes y la comitiva argentina, todos de a caballo menos el anciano cura y geólogo Zahn, a los barquinazos en un carrito. El dispositivo en ese tramo era de Herr Strasse de la Compañía Chile Argentina. Se despidieron de los chilenos, cabalgaron desde las 6 de la mañana y a mitad de camino Roosevelt desmontó aliviado entre los meandros del Casa Pangue. Allí charló en la vivienda de inglés y su esposa, casa humilde que dio nombre al lugar porque antaño se techó con gigantes hojas de pangue. Allí el yanqui posó para una foto con fondo de los glaciares del Tronador (se guarda en el Archivo General de la Nación).
Siguió la travesía lacustre del Frías y la caminata hasta puerto Blest donde aguardaba un almuerzo y el vaporcito Cóndor. Durante la navegación hacia San Carlos se avistó el denso humo de un incendio (La Prensa lo señaló como de "bosques que fueron reservados al Parque Nacional").
Roosevelt sólo permanecería unas horas en Bariloche y partiría a la mañana siguiente -¡en automóvil!- hacia Neuquén. De lograrlo sería la culminación de una aventura inolvidable. Para el gobierno central y de los territorios constituiría una de las obras maestras de coordinación en tiempos sin transporte ni comunicaciones.
Los vecinos –algunos ataviados de trajes típicos centroeuropeos o peninsulares-, arremolinados y lucientes en el muelle, dieron vítores a ese personaje obeso que saludó jadeante con el sombrero aludo y en el que reconocían a un hombre de frontera, duro y obstinado.
Hacía apenas unos días que en el pueblo habían circulado los diarios de Buenos Aires con la crónica del populoso recibimiento ofrecido a Roosevelt el 5 de noviembre y hasta con un título en inglés ("Roosevelt is arrived"), la cena en el Plaza Hotel y la serie de agasajos.
Menos tumultuoso, claro, el recibimiento sureño de inmigrantes de diverso origen y uniformados no muy prolijos pero sonrientes de la Fronteriza. Sabían por los diarios que el visitante no sólo había luchado en la guerra de Cuba, se lo creía un cow-boy, buen cazador, sagaz –había sido jefe de la policía de Nueva York- e implacable (por su ¨política del garrote", como la calificaron sus adversarios).

Abrazos en Puerto Varas

En realidad la comitiva argentina cruzó la frontera y fue a encontrarse en Puerto Varas, junto al lago Llanquihue, con Roosevelt y la comitiva chilena entre la que estaba el perito chileno Gonzalo Bulnes. Los argentinos contaban con el perito Moreno, el director de territorios del Ministerio del Interior doctor Isidoro Ruiz Moreno, el gobernador de Neuquén Eduardo Elordi, el bilingüe coronel Eduardo Reybaud, el mayor Angel James y los señores Carlos Boos (presidía la comisión de agasajos barilochense) y Alberto Rivelta. Todos sabían del conflicto limítrofe y su instancias casi bélica pero atenuada en 1899 con el Abrazo del Estrecho –entre Roca y Errázuriz- y finalmente apagado con el laudo arbitral británico de 1902. Por eso el abrazo en Puerto Varas de Moreno y Bulnes fue aplaudido incluso por Roosevelt –al tanto de la disputa-, aunque, curiosa e incomprensiblemente, el hecho es negado por descendientes de Moreno: aseguran que el perito esa vez no cruzó a Chile. Lo desmienten los diarios de Chile y Argentina de la época y la memoria de Isidoro Ruiz Moreno, quien escribió una crónica de aquél viaje en el que fue un protagonista invalorable. La coordinación programada seguía a la perfección porque ese 28 de noviembre –el del miércoles próximo será el 88º cumpleaños- en que se festejó tamaño encuentro en Puerto Varas, en Constitución trepaba al tren el capitán de navío Enrique G. Plate. De familia patagónica, había sido edecán de Roosevelt en su paso por Buenos Aires. Viajaba rumbo a Neuquén para retomar su tarea cuando el norteamericano concluyera la travesía de los Andes sureños.
A las seis y media de la mañana del 29 de noviembre, todos los viajeros –argentinos, chilenos y norteamericanos- navegaron a la vista del volcán Osorno por el Llanquihue hasta Ensenada. Siguieron hasta Petrohué para embarcarse nuevamente en Petrohué, en el lago de Todos los Santos hasta Peulla.

Del Plata a la Araucanía

El viajero ilustre venía de los agasajos en Buenos Aires y el interior. Revistó tropas en Campo de Mayo y al gauchaje en la Sportiva de Palermo, donde solía presentarse cada fin de año una troupe de vaqueros del Lejano Oeste. Comió en el Jockey Club un sabroso menú del moreno y palermitano chef Antonio Gonzaga y se fotografíó en el Zoo porteño -protegido por su aludo sombrero claro- con Clemente Onelli que, en contrapartida, lucía con riguroso bombín y jacket negro. Siguió viaje a Rosario y a Tucumán. Terminó en Santiago de Chile, desde donde partió en tren con rumbo austral.
El plan de traer al viajero desde Bariloche a Buenos Aires fue encomendado Ruiz Moreno 25 días antes del suceso, por indicación del canciller Ernesto Bosch al ministro del interior Indalecio Gómez.
Gómez confió en la eficacia de Ruiz Moreno que telegrafió enseguida al gobernador Elordi. El tren llegaba a Neuquén y había que "sacar" a Roosevelt hasta allí una vez que llegara a Bariloche. Elordi arribó a la Capital con el primer tren y trazaron el plan. Eligieron el camino por Mencué y "Pilca", precario y para carros. Había que armar el camino y conseguir automóviles. Elordi volvió enseguida y en un camión cargó presos de la cárcel más un sargento y cuatro soldados. Luego ordenó la salida a la manera de una urgida vialidad. Acortaron con atajos unos 25 kilómetros de camino pero no pudieron solucionar los malos pasos que los menucos esperaban en Comallo y cerca de Bariloche.

En tren de agasajos

Cuando en tiempo récord todo estuvo listo, la comitiva de Buenos Aire salió por tren a Neuquén para seguir a Bariloche. Eran Ruiz Moreno, el coronel Reybaud –para hacer de edecán de Roosevelt-, el Dr. Francisco P. Moreno, el mayor Shipton de la embajada norteamericana, Enrique Zwanck , un operador de cine y un sargento de órdenes. Se pidieron automóviles a las gobernaciones de La Pampa y Río Negro que rodaron hasta Bahía Blanca y cargaron en tren hasta Neuquén. Eran 3 Mercedes y un FN que condujeron 3 "chauferes" comandados por Diego del Río y un mecánico: Luis Pérez Mateo.
"El viaje lo hicimos en dos días –recordó Ruiz Moreno años después- sin dificultad, dejando arreglado lo indispensable en el almacén de Mencué –como a mitad de camino- para el regreso. Fue necesario improvisar camas, pues allí a parte del salón del almacén, sólo había tres o cuatro piezas tipo rancho con piso de ladrillo". Más difícil fue establecer el cálculo de día y hora para el regreso, pero Ruiz Moreno lo hizo "estrictamente calculado de antemano". Así, para el mediodía del primero de diciembre se alistaba el paso por Pilcaniyeu, donde Roosevelt almorzaría. Serían "corderos al asador. Esto significaba que si no llegábamos a la hora fijada, con una pequeña tolerancia, la comida sería una catástrofe". Otras crónicas señalan que se plantaron corderos cada media hora, de manera que siempre habría uno a punto.
La comitiva argentina arribó a Bariloche el 24, cuatro días antes de que Roosevelt tenía previsto llegar a Puerto Varas, por eso todos hicieron una cabalgata hasta el Gutiérrez para entrenar las sentaderas para la travesía que restaba. Ruiz Moreno estaba ansioso por charlar con Roosevelt -como sucedió- y lograr el éxito del regreso a Buenos Aires. Era un funcionario eficaz. La familia del señor Boos acicalaba la casa para la única cena que Roosevelt haría en Bariloche.

Sociales de esta semana

 La Nación del 26 de noviembre de 1903 señalaba que fueron bien recibidos por los barilochenses los candidatos a presidente y vice del partido republicano. A la vez se arreglaban caminos hacia el Correntoso y Traful y el teniente Zerdá de la Escuela Superior de Guerra realizaba estudios topográficos en la orilla norte del lago.
 El 29 de 1920 partió Andrés Belotsvetov y su compañero de viaje desde Nahuel Huapí en bote por el limay. (Libro Río Limay, editado en 1921 con fotografías, cuadros planillas y mapas)
 Fue emplazado –en esta semana de 1940- el monumento al General Roca del escultor J. F. Sarniguet, también autor de El Resero (de Mataderos). Sería inaugurado recién el 14 de enero.
 Victoria Ocampo llegó en estos días del "40 para pasar una temporada acompañaba del sociólogo francés René Callois y el holandés Bolten, crítico de arte.
 El 24 de noviembre de 1940 "hicieron cumbre" en el Internacional del Tronador los vecinos Gebhard Mueller y Jorge Lutzenberger, este último de la academia de Hans Nöbl. Se construía la avenida costanera que pasaba a 30 metros del cementerio que se mudaría al SE (Las Quintas) o al SO, cerca del tambo de Capraro, según el plan de Parques Nacionales. El 30 se casaron Aurora Boock y Luis Neu.


Continuará
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