Martes 20 de noviembre de 2001

 

La lucha por entretener y hacer reír

 

Tres generaciones de una familia se unen para arrancar sonrisas en un circo.

  NEUQUEN (AN).- Los Oñate son gatos vagabundos que tienen una misión complicada para los tiempos que corren: hacer reír.
Manuel "El Gato" (de 56 años), Julio "El Gatito" (de 28), y Ayelén, "La Gatita" (de seis), son de la misma familia pero representan a tres generaciones de payasos que noche a noche, con mucho o con poco público, deben arrancar risas de grandes y chicos. Pase lo que pase o cueste lo que cueste. Les gusta el objetivo y con mucha profesionalidad consiguen su objetivo.
"Un circo sin payasos es como un circo sin remedio", advierte Alberto Cassagne, el administrador del Circo Real Mexicano que por estos días levanta su carpa en San Martín y Colón de esta ciudad.
El circo, que pone a 30 artistas en escena, es un circo ecológico. No tiene ningún animal en el espectáculo, a pesar de que no faltan cuadrúpedos alrededor de la carpa. Son un par de chivos de la pequeña Ayelén, más un gato, un perro y un conejo, todos de la misma familia, los Oñate.
"Se eligió trabajar sin animales, aunque yo sostengo que la gran mayoría de los circos que tienen animales los cuidan tanto como a su mejor estrella, precisamente porque se trata de una estrella", sostuvo Cassagne. Hay varias cuestiones que justifican el trabajo sin animales. Los costos, la reglas de protección, el peligro de extinción de algunos.
Por eso, los payasos, trapecistas, malabaristas, contorsionistas, los motoqueros del globo de la muerte cargan sobre sus espaldas el compromiso de entretener, arrancar risas, sorprender y si es posible arrastrar al público hasta el encanto.
Es fácil y hermoso trabajar con una nieta y es complicado trabajar con papá. Manuel y Julio -El Gato y El Gatito- consiguieron hacerlo aunque uno representa la vanguardia de la comicidad y el otro al clásico payaso que conocimos cuando chicos. "No puedo ser más feliz. Qué más puedo pedir que estar en un escenario con mi hijo y con mi nieta", explica El Gato Oñate. Cassagne explica que en la Argentina "donde no se cumple con la ley de circos" cada vez más las promesas circense "terminan yéndose a otros países".
Los tiempos que corren se manifiestan en otras cuestiones, como las que sufren los trapecistas Luis Muñoz y Patricia Paz quienes presentan un espectacular número tanguero en el punto más alto de la carpa y sin red. Manos anónimas (el mago está fuera de sospecha por ahora) se llevaron el correaje y los grilletes con los que vuelan sobre el público. Luis, de taller en taller, busca la manera de contar nuevamente con su herramienta de trabajo.
"Cada vez estamos más solos, cada vez nos mandan más lejos la carpa y cada vez es más difícil moverse, en Uruguay y Brasil hay subsidios para los circos. Creo que nuestra actividad no escapa a las generales de este país ¿Cuánto vale la sonrisa de un pibe? ¿O la de un grande? Acá se ríen", cerró el administrador cuando las primeras sombras empezaban a iluminar el alma de la enorme carpa multicolor.
A esa hora, los gatitos marchaban a maquillarse.

Foto: Los Oñate desarrollan una actividad que les depara todos los días la posibilidad de generar alegría.

   
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