Jueves 29 de noviembre de 2001

 

Crimen absurdo, impune por falta de pruebas

 

Es por la muerte de un instructor de vóley asesinado de quince puñaladas. Había dos imputados pero el testigo más importante no fue creíble para los jueces.

  NEUQUEN (AN).- El absurdo asesinato de un joven instructor de vóley, quien el verano pasado fue apuñalado quince veces en plena calle, quedó impune porque no hubo pruebas suficientes para condenar a los dos presuntos autores. Uno de ellos es la segunda vez que está involucrado en un crimen; las dos veces quedó en libertad.
"Lamentablemente, este injustificado homicidio queda sin resolver por carencia de toda probanza objetiva y fehaciente que señale con certeza a los dos imputados", escribió el camarista Jorge Sommariva al fundamentar el fallo. "La atrocidad del delito y la necesidad de establecer autoría -advirtió- no puede extraviar o distraer a los tribunales de justicia de su real y difícil desempeño, y de la idea rectora que la justicia es lo que dicen las pruebas, y por ende, la justicia de una república que se precie de tal no puede condenar cuando las pruebas no condenen".
El párrafo no calmó los ánimos de los familiares de Carlos Huircaleo, el joven asesinado, quienes colmaron la sala de audiencias esperando una condena para Gerardo Huenchupán y Jorge Quentrequeo, los dos imputados.
El fiscal Jorge Otegui había pedido perpetua para Huenchupán (21 años) y se abstuvo de acusar a Quentrequeo (18). Se basó para ello en el testimonio de Lucas Erice, quien declaró que estaba sentado junto a la víctima la medianoche del 26 de febrero pasado en el playón de la iglesia Santa Rita, en la esquina de Rohde y Avenida del Trabajo.
Erice dijo que Huenchupán llegó en bicicleta, se acercó a Huircaleo (21 años, instructor de vóley en el estadio Ruca Che), le dijo "nos volvemos a ver" y comenzó a apuñalarlo. Otro joven al que no pudo ver atacó desde atrás. Huircaleo recibió ocho puñaladas en el pecho y siete en la espalda. La opinión de Erice es que pudo tener un inconveniente previo con Huenchupán, quien al parecer se dedica a cobrar "peaje" en el barrio: un peso para la cerveza a todos los que pasan. "Tal vez Carlos se negó a dárselo y por eso lo mataron", especuló.
Sin embargo, los jueces Sommariva, Cecilia Luzuriaga y Roberto Fernández desconfiaron del testimonio de Erice. En especial porque declaró cinco veces, en algunas admitió haber mentido, en otras modificó varios detalles, todo por razones que no quedaron claras.
Además, una mujer y su hijo que justo en el momento del crimen pasaron por el lugar en automóvil relataron a los jueces una escena completamente distinta: dijeron haber visto a dos hombres corriendo a otro, que cayó en el playón y fue atacado estando en el suelo.
Por otra parte, uno de los cuchillos supuestamente utilizados en la agresión fueron secuestrados en la casa de Quentrequeo, quien no fue acusado por el fiscal. Y algunos testigos dijeron haber visto a Huenchupán cerca del lugar del crimen tomando cerveza, pero no participando del hecho.
"Esta única prueba (por la declaración de Erice) endeble, contradicha, solitaria y dudosa, carece de entidad de convicción para la certeza de autoría contra el imputado", dijo Sommariva en la sentencia.
Los imputados recuperaron la libertad inmediatamente después de conocida la sentencia. Es la segunda vez que Huenchupán sale airoso de una acusación de homicidio; en marzo de 1999 lo habían involucrado en el asesinato de un policía retirado, Evaristo Andrés, cuya vivienda fue quemada.
   
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