Jueves 30 de agosto de 2001

 

Una dulce manera de ayudarse

 

Niños de sexto y séptimo grado de la Escuela 248 de Cipolletti se hallan embarcados en un proyecto de envasado de conservas y fabricación de dulces. Los productos se distribuirán entre sus hogares, pero también se comercializarán y hasta es posible que involucren a sus familias en el emprendimiento.

  CIPOLLETTI (AC).- "Primero nos ponemos los gorros, los barbijos, los delantales y los guantes. Parecemos casi cirujanos. Después tenemos que calentar los frascos para esterilizarlos y empezamos a hacer los distintos procedimientos. Si usted quiere hacer conservas al natural, tiene que comprar manzana, lavar bien la fruta, pelarla, sacarle el corazón, cortarla en trozos y ponerla en agua. Si quiere hacerla en almíbar, le pone azúcar. Cuando está listo, se la tapa con una tapadora y la hierve cinco minutos".
Los chicos de sexto y séptimo grado de la escuela primaria 248 se están convirtiendo en grandes expertos de dulces y conservas. Desde hace un mes estos pequeños emprendedores están participando de talleres en los que les enseñan a revalorizar las viejas tradiciones. "Es poder rescatar aquellos valores culturales que se han ido perdiendo", explica la directora Graciela Bugallo.
¿Cómo empezaron?. Fue a partir de los padrinos de la escuela. Los dirigentes de la Cámara de Industria y Comercio les comunicaron a las autoridades del establecimiento que la tarjeta Cabal tenía un fondo para el apoyo a proyectos educativos. Así comenzaron a surgir distintas ideas: panadería artesanal, otros de cultivos de aromáticas, una huerta y también de la realización de conservas.
Se llegó a la conclusión de que esta última alternativa era muy viable y que por sobre todo, ayudaba a los chicos a apoyar a sus familias. "Veíamos que esta experiencia podía convertirse en un microemprendimiento para una familia", contó Bugallo.
Finalmente los recursos se consiguieron. La entidad privada aceptó apoyar este proyecto, donando mensualmente los insumos necesarios para que los nenes de sexto y séptimo grado pudieran trabajar. La firma aporta desde los frascos, hasta la balanza, el termómetro, los guantes y todos los elementos necesarios. "La escuela no maneja el dinero sino los insumos", aclaran las docentes.
Las primeras experiencias pegaron fuerte, porque los chicos están aprendiendo con gran entusiasmo. "Yo estoy muy orgulloso de estar en este proyecto porque es muy bueno y porque el trabajo nos puede servir para el día de mañana", dijo muy serio Ismael Matus, uno de séptimo.
En principio piensan vender los productos en la misma escuela o bien en algún puesto de la feria artesanal, ubicada en el Parque Rosauer. Para eso están preparando las etiquetas y una presentación especial que permita atrapar a los futuros clientes.
El dinero que obtendrán también volverá a los chicos. Bugallo explicó que con los fondos que se recolectarán piensan comprar libros, realizar un viaje o bien organizar alguna fiesta especial de egresados. Eso está por verse todavía. Sólo se sabe con certeza que "se reinvertirá en los chicos", afirmó la directora.
Ayer por la mañana estuvieron haciendo dulce de pera y conservas de manzanas. Una vez más vieron cómo su portera se transformaba por unas horas en su instructora de lujo. Y volvieron a trabajar, con el apoyo de todo el equipo de docentes.

Portera e instructora

CIPOLLETTI (AC).- Rosa Pérez es la portera. Pero desde que está este proyecto en marcha, por algunas horas se transforma en docente. "Para mí ha sido un orgullo muy grande", asegura.
Rosa ya había enseñado en otros talleres de envasados, compartiendo su sabiduría popular. Por eso no le resultó muy complicado volcar su experiencia a los chicos de sexto y séptimo grado.
"La relación es muy buena. Y la capacidad que ellos tienen quizás nos supera a nosotros. Esta también es una salida laboral", reflexionó.
La portera no realiza esta actividad en horario de cumplimiento de sus funciones. Por ejemplo ayer, ingresó a las 8 de la mañana y estuvo hasta las 9 con los chicos. Después se dedicó a las tareas del comedor, que forman parte de su labor habitual. A la tarde hizo lo mismo.
Juan José Jara fue el primero que se acercó a contar. "Estamos haciendo envasados de manzana. Hicimos dulce de pera también", dijo entusiasmado. Después de que habló, todos quisieron hacer sus aportes. Algunos relataron cómo hacer "los envasados" y otros las "condiciones de higiene". Hasta ahora realizaron alrededor de 100 frascos, que "salieron riquísimos", según aseguraron a coro. A la escuela 248 concurren chicos de distintos barrios de la zona norte de Cipolletti, como las 1.200 viviendas, Villarino, las 300 viviendas, las 130 y hasta del Anai Mapu.

Foto: Perfectamente equipados, los niños son conscientes de que la higiene del proceso es fundamental.

   
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