Jueves 2 de agosto de 2001

 

Ardió una casilla y murieron dos nenas en Centenario

 

El padre sacó a una de entre las llamas, pero falleció horas después.La precaria vivienda de madera se consumió en pocos minutos.El fuego se extendió a otra casa, pero pudieron salvar a los chicos.

  CENTENARIO (AN) - Los gritos desgarradores de un padre por no poder proteger a sus hijas de las llamas que abrazaban su precaria casilla de madera, despertaron en la madrugada de ayer a los vecinos del asentamiento Emmanuel, de esta localidad. Una de las víctimas, de cuatro años, murió carbonizada en el acto, su hermanita de cinco meses falleció horas después en el hospital Castro Rendón.
La tragedia conmovió a la vecindad, que impotente presenció el el avance de las llamas sin poder hacer nada para evitarlo. La espontánea solidaridad, que no alcanzó para frenar el fuego, sirvió para contener al matrimonio de Ana Vázquez y José Luis Barrera, los padres de las niñas, quienes recibieron todo tipo de apoyo.
Otro episodio similar ocurrió en San Francisco Solano, en el partido bonaerense de Quilmes, donde cuatro hermanitos, de uno a cinco años, murieron calcinados al incendiarse la precaria vivienda que habitaban. Estaban solos, porque el padre se había ido a trabajar y la madre cuidada en el hospital a otro hijo, afectado de neumonía. La causa del fuego habría sido un cortocircuito en la instalación eléctrica.
La consternación se apoderó ayer al mediodía de los vecinos de los Barrera, cuando supieron que la beba de cinco meses, también había fallecido debido a las quemaduras recibidas.
El siniestro se registró a la madrugada, alrededor de la una. Un poco antes Barrera había acostado a sus dos niñas, Florencia Vázquez (hija de su esposa) y Ayelén Barrera, en el dormitorio de madera y chapas.
Luego se dirigió a la otra casilla utilizaban como cocina -separada de la primera por unos tres metros-, donde su esposa terminaba tareas del hogar. Minutos después se cortó la luz, y cuando Barrera salió para revisar qué pasaba, se encontró con que la habitación estaba envuelta en llamas con las niñas adentro.
Cuerpo a tierra, el hombre ingresó a la habitación en llamas y logró alzar a la beba. Pero cuando intentó levantar a la otra niña, la pequeña se asustó y se perdió entre la humareda.
"Cuando me desperté vi a mi hermano que gritaba desesperado: ¡Florencia...! ¡Florencia...! Pero ya no había nada por hacer, la nena se quemó adentro", dijo Víctor Barrera, con un profundo dolor en su expresión.
Ayelén ingresó al hospital con el 35% de su cuerpo afectado por el fuego, con quemaduras tipo B, sin sensibilidad en la piel, alteración en el medio interno y una destrucción celular muy grave, se indicó en el hospital.
El incendio afectó también a la casa contigua, de los Pailacura. Guadalupe Pailacura aseguró que se despertó "por el calor", y vio el techo de su casa en llamas. Sin dudarlo junto a su esposo sacaron a sus dos hijos hacia la calle, y en pocos minutos observaron impotentes cómo ardía su humilde casa.
Sólo quedó la platea de la casilla de Barrera. Cuando llegaron los bomberos, las llamas devoraban los últimos resto de maderas y nailon. La tragedia ya estaba consumada. Creen que el fuego lo generó un cortocircuito.
El asentamiento Emmanuel está en el corazón del barrio Juan Manuel de Rosas. Hay 32 familias, la mayoría "enganchadas" al cableado eléctrico, pese a que muchos de ya lograron una tenencia precaria de sus predios.
En el caso de los Barrera, la luz la obtenían de la casa de su hermano Víctor. José Luis trabaja de vendedor ambulante y en el asentamiento vivía con su esposa y sus dos hijas desde hace aproximadamente dos años. "Estaba a punto de hacer una ampliación, para unir la cocina con el dormitorio", dijo Víctor.

"Del techo se desprendían gotas de fuego"

CENTENARIO (AN).- "Nunca olvidaré cómo desde el techo caían gotas de fuego sobre mis hijos... No podré dormir tranquila. Fue horroroso", dijo Guadalupe Pailacura, que perdió su casa y sus bienes en el incendio que comenzó en la casilla vecina y que derivó en la trágica muerte de las niñas Barrera.
Guadalupe no había descansado debido al recuerdo de la tragedia ocurrida en su casa y en la de sus vecinos. Dijo que el fuego caía "en gotas" en el interior de su casa. La explicación de su gráfica expresión es que el techo tenía ruveroi, un material de cartón y brea que se utiliza como cobertura, que al quemarse se derrite.
Ella y su marido alcanzaron a salvar a sus hijos, pero de su vivienda sólo quedaba ayer la platea como un testimonio mudo del siniestro.
El asentamiento Emmanuel se levantó en noviembre de 1999 en el corazón del barrio Juan Manuel de Rosas, en dos manzanas que habían sido reservadas para espacio verde, pero que nunca fueron trabajadas por la municipalidad, por lo que aún conservaba la vegetación de la barda.
Así, en medio de dos planes de viviendas, surgieron las casas construídas de palos, cantonera, cartón, nailon y algunas chapas.
En contraposición a las carencias que los llevaron a ocupar terrenos ilegalmente, la solidaridad de los vecinos abunda. Ayer al mediodía, ya se habían ocupado de limpiar todo el terreno donde se quemaron las casilla de los Barrera. Tan rápido reaccionaron que los peritos se vieron en dificultades para recoger evidencias que les permitan realizar los estudios para, entre otras cosas, determinar las causas del incendio.
Además con la puesta en marcha de la "maratón radial" solidaria, se lograron una gran cantidad de víveres y de alimentos para las dos familias afectadas, en tanto un grupo de desocupados se comprometió a volver a levantar tanto la casa de la familia Pailacura como la de los Barrera.

foto: Consternación y dolor. Los vecinos los Barrera no podían asumir la tragedia. Sólo chapas retorcidas quedaron de lo que fue su casilla.

   
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