Miércoles 15 de agosto de 2001
 

Webs corporativas... en construcción

 

Por Juan José Larrea (*)

  Qué Paradoja! Cada vez más gente utiliza Internet y cada vez menos es la seriedad que se les da a los sites de entidades públicas o privadas. Muy pocos son los que entienden que Internet, ese mundo virtual, es desde hace tiempo un mundo cada vez más real.
Millones de personas son clientes de empresas sin haber estado en el lugar físico o conocido personalmente empleado alguno. Los que han sido bien atendidos (y por el solo hecho de comunicar) han impulsado el creciente número de interesados con la consecuencia positiva que monetariamente esto significa en toda empresa.
Promocionar un producto, dar información prudente en tiempo y forma, ofrecer servicios (a medios de comunicación y a clientes o usuarios), intercambiar material de trabajo, comunicar... arte que se aprende junto con la necesidad constante de la actualización inmediata en el tiempo por parte de quienes están a cargo del desarrollo y ejecución del emprendimiento.
Empresas públicas o privadas, organismos no gubernamentales, fundaciones, comisiones, corporaciones, partidos políticos, clubes, etc. en su gran mayoría no logran comprender la importancia de esta nueva (no tanto) forma de llegar a otros de manera segura, concreta y eficiente. Muchos de ellos creen que con "estar" en la Red es suficiente, desconociendo que ello configura tan solo el primer paso. Constituirse en la red de redes es un compromiso para con nuestra imagen institucional (por no decir para con nuestros clientes) y, para poder cumplir o hacer un buen trabajo, se requiere de profesionales en la materia (y que, por supuesto, actúen como tal). De otro modo, las pérdidas de las potenciales ganancias (de todo tipo) que se pudieran obtener, quedarían relegadas a nuestro adversario (mejor preparado).
Encuestas recientes publicadas en distintos medios del país daban a conocer cifras relacionadas con los usos y costumbres de los argentinos con Internet.
Unos cuatro millones de personas aproximadamente de nuestra patria poseen computadoras y dos millones se conectan a Internet. En tan sólo un año (2000 - 2001) se duplicó el número de cibernautas. Importante es saber que el 50% es mayor de 35 años y un alto porcentaje consulta sobre posibles compras, siendo significativamente menor el número que adquiere un servicio por este medio, debido al gran temor de enviar datos de tarjetas de crédito y a la compra sin ver, en propias manos, el producto.
Una página en Internet no debe ser diseñada con el mero objetivo de ofrecer un servicio; por el contrario, debe poseer toda clase de variedad informativa que, a disposición del usuario, comunique, forme y (¿por qué no?) entretenga. Debe ser construida con una estructura de fácil acceso y navegación, teniendo en cuenta que no todos son propietarios de computadoras de última generación. Muy pocos corren al mismo ritmo de los cambios que la tecnología impone (el costo no es bajo y el conocimiento lleva un tiempo prudencial en los usuarios).
Un error interesante que se repite constantemente (por suerte, no en todas las entidades) es no contestar los requerimientos de las personas que visitan la web y envían un mensaje (con inquietudes, consultas, comentarios, agradecimientos, etc.) mediante el correo electrónico que la página en Internet proporciona. Se olvidan de que esa respuesta no sólo es importante para el usuario, sino que también el bienestar producido en esa persona se transforma en propaganda efectiva y permanente de nuestra institución.
Varias experiencias de "crisis empresarias" han demostrado que tampoco se está preparado para estos momentos. Mayormente se desaprovecha la gran cantidad de personas que (en estas ocasiones y cada vez más) recurren a una página oficial para informarse desde una fuente segura sin caer en el error de dejarse llevar por rumores o versiones con procedencia desconocida.
Empresas argentinas en momentos traumáticos han dejado su página web sin actualizar (olvidando publicar comunicados de último momento, teléfonos directos, listado de productos en mal estado, víctimas, entre otros) desconociendo que de esta forma sólo se logra aumentar (¿y confirmar?) los rumores, brindando un servicio pésimo fusionado a un enorme fastidio y enojo (quizá por siempre) en el usuario hacia la entidad.
Los tiempos que vivimos, una sociedad día a día más exigente y la competencia que no se detiene, son un alerta a tener en cuenta. Nunca es tarde para empezar de nuevo, pero sí es tarde para recuperar lo perdido. En este momento hay aproximadamente 50.000 personas en la Argentina navegando en la Red.



(*) Jefe de Prensa del defensor del pueblo de la Nación
prensa@defensor.gov.ar
     
     
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