Domingo 3 de junio de 2001

 

Napoleón murió envenenado con arsénico

 

Nuevos estudios realizados en sus cabellos demuestran una alta presencia de ese tóxico.

  PARIS (ANSA) - El ex emperador Napoleón no murió ni de úlcera ni de cáncer de estómago, como hacía pensar su famoso gesto de la mano sobre el vientre, sino que fue envenenado con arsénico durante su exilio en Santa Elena.
Tres médicos franceses le dieron la razón al FBI, que en 1995 descubrió huellas de ese veneno en los cabellos del célebre estratega corso.
Pascal Kintz, Bertrand Ludes y Paul Fornes -los dos primeros del Instituto Médico Legal de Estrasburgo, el tercero del hospital Georges Pompidou de París- no tienen dudas, después de los exámenes realizados sobre algunos mechones de cabello que presuntamente pertenecieron a Napoleón.
"Encontramos entre 7 y 38,5 nanogramos de arsénico por cada miligramo de cabello, y se habla de exposición a ese veneno cuando se supera un nanogramo", explicó el doctor Kintz, negando que se trate de una contaminación accidental.
Los análisis fueron financiados, como había ocurrido hace seis años con el FBI, por un millonario canadiense, Ben Weider, que preside la Sociedad Napoleónica Internacional y predica sin pausa la tesis del pobre Bonaparte brutalmente asesinado.
Weider -descendiente de una familia judía polaca, rico gracias a una cadena de gimnasios- tiene incluso un culpable: el asesino sería el conde Charles de Montholon, uno de los fidelísimos que siguió a Bonaparte a la isla de Santa Elena después de la derrota de Waterloo.
El millonario canadiense prometió a su padre en su lecho de muerte que lucharía a fondo para "defender la memoria del emperador" en homenaje a su papel en la "emancipación de los judíos de Europa", pero ni siquiera a él le queda claro el móvil: ¿celos? ¿venalidad? ¿intriga política? Los celos no deben excluirse: Albine, la bella mujer del conde, tuvo en Santa Elena un apasionado enredo con el ex emperador. Pero es igualmente plausible que el aventurero Montholon haya eliminado a su ídolo por cuenta de los ingleses o de los Borbones, a cambio de dinero o de una promesa de rehabilitación.
En un libro publicado hace algunos meses en Francia, un descendiente del conde supone incluso que su antepasado envenenó a Napoleón en un "acto de amor".
   
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