Domingo 3 de junio de 2001

 

Israel no cree en la "tregua" de Arafat y le da 24 horas

 

Sharon pospuso la dura represalia al atentado suicida. Pero pone tres exigencias al gobierno palestino. En los territorios ya se cumple el "cese del fuego".

  El líder palestino, Yasser Arafat, ordenó ayer una "tregua inmediata", luego de que el gobierno israelí le diera 24 horas para detener la escalada de violencia que el viernes mató a 18 jóvenes en un atentado en una discoteca en Tel Aviv.
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ordenó anoche por escrito a sus servicios de seguridad que "apliquen un cese del fuego inmediato e incondicional". Pero Israel reaccionó al anuncio señalando que quiere acciones, no palabras.
Una alta fuente política dijo que Israel daría un plazo de 24 horas a Arafat para "resolver la situación" y evitar una respuesta militar. El gobierno del premier Ariel Sharon acusó ayer a la ANP y a Arafat "de desarrollar actividades terroristas y de incitar al odio y a la violencia".
La acusación pública de Israel, por primera vez desde el inicio del proceso de paz con los palestinos hace ocho años, se conoció mediante un comunicado difundido por el gobierno al finalizar la reunión del Consejo de Defensa, convocado luego del atentado del viernes en Tel Aviv.
"La ANP no sólo violó todos sus compromisos y los acuerdos de combatir al terrorismo y sus estructuras subversivas, sino que sus mismos miembros están empeñados en acciones de esta naturaleza", afirma el comunicado.
Tras recordar la aceptación del informe Mitchell y la proclamación unilateral de un cese del fuego en los Territorios, Israel advirtió que "la ANP podrá ser un socio en el proceso de paz sólo si se pone fin al terrorismo y actúa contra la infraestructura de los terroristas en su territorio".
El atentado se produjo el viernes a la entrada de una conocida discoteca , donde un kamikaze con un chaleco de explosivos se mezcló con numerosos jóvenes que esperaban entrar.
La reacción popular al atentado fue inmediata. Cientos de personas ganaron las calles de Tel Aviv, para manifestar su cólera. "Muerte a los árabes" y "árabes fuera" eran las principales consignas coreadas por los enardecidos manifestantes.
Tras la reunión del gabinete de Seguridad Sharon dio un "plazo de horas" a Arafat para la tregua. Israel quiere ver cómo Arafat pone "en práctica" su "disposición" de imponer un alto al fuego "inmediato e Incondicional", como anunció.
Las demandas israelíes son:
* Ordenar a todas las fuerzas que están bajo sus órdenes que cesen el fuego.
* Volver a arrestar a todos los militantes del Hamas y el Jihad islámico liberados de prisión.
* Entregar a los estadounidenses todos los morteros y demás armas que estén bajo su poder y contravengan lo establecido en el acuerdo de Oslo.
El líder palestino optó por la moderación y en un acto poco frecuente, condenó el atentado, como le había pedido el presidente norteamericano, George W. Bush. También envió desde Ramallah una orden escrita a todos los cuerpos de seguridad y de policía para la "puesta en marcha de todos los mecanismos que hagan posible la seguridad de todos los objetivos israelíes".
Las fuentes señalaron que los jefes de las fuerzas de seguridad del Estado palestino se contactaron con los diferentes grupos militantes radicales de la OLP en la franja de Gaza, para ordenar a eventuales manifestantes y francotiradores no atentar contra objetivos israelíes.
La seguridad palestina indicó que se activaron los contactos con todas las facciones islámicas y nacionales para obtener una aplicación "inmediata de la decisión tomada por Arafat" en alusión a los grupos Hamas y la Yihad islámica.
Pero ya el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) rechazó ya el alto al fuego con Israel.(ver aparte)
De momento el Ejército y la policía israelí se encuentran en estado de máxima alerta. Las tropas han bloqueado además el acceso a las ciudades palestinas de Cisjordania.
Personal de la ONU y de otros organismos internacionales en Gaza y Cisjordania ya abandonó esos territorios por temor a una represalia israelí. Los policías y funcionarios palestinos también evacuaron edificios oficiales. (EFE-ANSA-BBC)

La frustración de Bush

Una sensación de frustración se adueñó del presidente estadounidense, George W. Bush, mientras dictaba, la noche pasada, su reacción al atentado perpetrado en Tel Aviv: "condeno enérgicamente el ataque (...) no existe ninguna justificación".
Un testigo que se hallaba cerca del mandatario dijo que éste se dio cuenta de que todos los "llamados" al Medio Oriente no bastan si no existe un real pedido a Yasser Arafat para que condene el atentado y proclame un cese del fuego "inmediato".
En la residencia de Camp David donde pasó el fin de semana, Bush quiso estar informado de todos los detalles y desarrollo de los acontecimientos y se estaba a la espera de una represalia israelí que, hasta la tarde, no llegó.
El presidente habló varias veces con su consejera para la Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, y con el secretario de Estado, Colin Powell, pero no llamó a sus interlocutores mediorientales. En cambio, quien paso mucho tiempo con el teléfono fue Powell, que anuló un viaje previsto desde hacía tiempo a Costa Rica, con el objeto de seguir de cerca los sucesos y sí tuvo contactos con los líderes israelíes y palestinos. Arafat parece haber escuchado el llamado a un cese de la violencia, pero la Administración Bush tiene dudas sobre la capacidad y la voluntad del anciano líder de hacer respetar un "stop" a la violencia: Powell le solicitó "pasos concretos".
Con Powell y con Rice, Bush consultó sobre cuáles pueden ser los pasos a seguir por la Administración estadounidense que apenas elevó su presencia y empeño en el tema Medio Oriente.
Bush está convencido de que los norteamericanos no deben mediar, como Bill Clinton, pero sí deben al máximo facilitar la reanudación de las tratativas: "Hacer la paz, la deben hacer ellos, israelíes y palestinos", dijeron fuentes de la Casa Blanca.
EE.UU apostó al cese o la disminución de la violencia por parte de los palestinos y con menos claridad en la suspensión de los asentamientos israelíes, en consonancia con las conclusiones del "informe Mitchell". El atentado del viernes alteró en gran manera la situación. En el Departamento de Estado no se excluye el nombramiento de un enviado especial (como lo era Dennis Ross) que trabajaría bajo las órdenes de William Burns, secretario asistente de Estado para los asuntos mediorientales

Arafat, en la encrucijada más difícil de la "intifada"

Las imágenes del horror se difundían anoche por todo el mundo. Las sirenas estridentes de las ambulancias, cuerpos destrozados de jóvenes israelíes, y gritos de los heridos por el atentado suicida de un extremista palestino causaron consternación.
Por primera vez en ocho meses de Intifada, Yasser Arafat está atrapado entre la ofensiva de los integristas de Hamas y Jihad islámica, y las presiones internacionales para un cese del fuego inmediato e incondicional.
Luego de la publicación del Informe Mitchell sobre las causas de la violencia en los territorios, el líder palestino había condicionado el cese del fuego al congelamiento de la colonización de los territorios.
El sangriento atentado suicida de anoche en Tel Aviv puso a Arafat en la condición de no poder oponerse más a las presiones internacionales.
El mismo tiempo, la ofensiva de los extremistas islámicos amenaza con abrir paso a una devastadora operación israelí en los territorios que podría incluso derrocar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Muchos analistas dudan que pueda retoma r el pleno control de la situación en los territorios. "Es una tarea ardua la que le espera", dijo ayer el comentarista político palestino Ghassan Al-Khatib. "Arafat sabe que llegó el momento de enfriar los ánimos y bloquear a los grupos radicales, pero no tiene nada a mano para ofrecerle a su gente, que pide el fin de la ocupación israelí".
Y también porque el sangriento acto terrorista contra jóvenes civiles ajenos al conflicto le dio a Israel puntos a favor en la cínica lucha que mantienen ambos bandos por ganarse las simpatías del mundo.
Un portavoz de Sharon dejó en claro lo que el acto violento representó para su país. "Por primera vez en ocho meses de conflicto, Israel tiene la oportunidad de mostrar quién en Cercano Oriente busca realmente la paz, y quién aplica la violencia para imponer sus objetivos", dijo Raanan Gissin.
Durante unos ocho meses, Israel estuvo en desventaja en la lucha por obtener simpatías de la comunidad internacional. Con la "visita" de Sharon al Monte del Templo, considerada una provocación; con el uso "excesivo" de la fuerza por parte del Ejército que provocó la muerte adolescentes y hasta bebés; y con una política de bloqueo que parecía brutal , la maquinaria de relaciones públicas del gobierno quedaba muy por detrás en comparación con los " desvalidos" palestinos.
Yasser Arafat y sus ministros utilizaron hábilmente la débil posición de Israel en este conflicto. Cotidianamente, Arafat repetía que Israel realizaba una "guerra de exterminio contra el pueblo palestino".
El cambio para Sharon vino con la publicación del informe Mitchellhace dos semanas. Pese a que Sharon mostró reservas al informe, decretó un cese al fuego unilateral, que en apariencia fue respetado por el Ejército. En vez de ataques israelíes contra la población civil, fueron los atentados violentos palestinos contra Israel los que acapararon los titulares de la prensa mundial.
Ahora las explicaciones por las muertes de inocentes las debe dar Arafat. (DPA/ANSA)

   
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