Domingo 27 de mayo de 2001

 

Parejas que hace la filosofía

 

El filósofo Tomás Abraham, y su grupo del "Seminario de los jueves" que hace 17 años se reúnen en un café de Buenos Aires, acaba de sacar un nuevo libro "Tensiones filosóficas" (Editorial Sudamericana). Sartre-Camus, Sarmiento-Alberdi, Foucault-Derrida o Goethe-Schiller; alguna inesperada como Osho-Heidegger, entre otras, son las personalidades que se confrontan en los distintos ensayos desarrollados por estos pensadores.

  En "Tensiones filosóficas", el filósofo Tomás Abraham aborda junto a los integrantes del "Seminario de los jueves" -grupo de aficionados a la filosofía que coordina desde hace 17 años- una serie de ensayos surgidos a partir de un juego dialéctico de binomios encarnados en figuras del pensamiento y del arte.
"El tema de la `tensión filosófica" ha sido siempre constitutivo de mi estudio y mi trabajo; sólo que esta vez lo propuse al grupo y éste respondió con entusiasmo indagando no sólo en el campo filosófico sino también en la expresión de ideas a través del arte", explicó Abraham.
Editado por Sudamericana, el libro confronta duplas tanto del pensamiento como del cine, la música, la pintura, la arquitectura, el psicoanálisis o la política, y es la tercera publicación de este "Seminario", precedida por "Foucault y la ética" (1990) y "Vidas filosóficas" (1999).
"El término tensión indica la presencia de otro en la palabra de uno; una presencia no necesariamente evidente: puede ser algo que abra el discurso, que lo prolongue hacia un cierto sector, que le dé tonalidad o que lo coloree con cierto humor", ilustró el autor de "La empresa de vivir".
"Puede que ese interlocutor sea un adversario, un amigo, un símbolo maléfico o cualquier otros estímulo o referencia irritante -agregó-; y puede incluso tomar la forma de un debate, de una relación epistolar, de una diatriba, de una parodia; o bien puede primar la admiración, la emulación o la envidia." Según el escritor, la presencia del otro es inevitable en todo discurso "en la medida en que un pensamiento organizado se instala en un campo de saberes, creencias, disciplinas y rituales ya establecidos, y en donde cualquier palabra enunciada debe forzosamente luchar para lograr un lugar".
Entre las parejas transitadas en el texto, caben citarse algunas previsibles como Sartre-Camus, Sarmiento-Alberdi, Foucault-Derrida o Goethe-Schiller; alguna inesperada como Osho-Heidegger, otras en que confrontan personalidades como Truffaut-Godard o Mahler-Schonberg, y dos excepciones: la tensión triangular Trotsky-Rivera-Kahlo y el solo multiforme conformado por Pessoa y sus heterónimos.
"La de Rivera-Kahlo es una tensión entre dos donde Trotsky es un convidado de piedra como quizás hubo otros; lo interesante de este matrimonio de colosos es que se trata de una pareja erótica que es al tiempo una explosiva tensión artística en un territorio pequeño y privado", evaluó Abraham.
"En el caso de Pessoa -prosiguió- me atrajo esa intensa diseminación de la propia identidad puesta a tensionar entre sí, a hacer lo que él llamaba `una dramaturgia", donde curiosamente su ortónimo ocupa un lugar tan mediocre frente a sus brillantes heterónimos". Pese a constituir un grupo de estudio, su coordinador advierte que los trabajos no incurren en el formato de las monografías académicas, "una presentación dirigida según un protocolo y evaluada por una autoridad que anula todo atisbo de inventiva", sino que incursionan en "el espacio creativo del ensayo".
"El ensayo, por su forma libre, su tono arbitrario y, sobre todo por no encontrarse en un modelo epistemológico positivista que aspira a una demostración o conclusión axiomática, es el que mejor se inscribe en la filosofía, que es una canción literaria teórica para ensayar ideas y contraideas", diferenció el autor.
"Y aunque no se vean, aunque carezcan de corporeidad las ideas existen tanto como los personajes y las imágenes -sostuvo-, y tienen el encanto de lo velado, de aquello que se percibe a través de sus efectos: por ejemplo, en una persona que se arrodilla ante un altar o saluda a una bandera o se levanta ante un mayor hay una idea incorpórea que halla un cauce en el gesto" Como su nombre lo indica, el "Seminario de los jueves" se reúne todos los jueves por la noche desde hace 17 años a discutir filosofía, emulando lo que en la Grecia Clásica se conocía como "Banquetes".
"En aquella época -comparó Abraham- filosofar era un ejercicio y un juego, una juerga retórica siempre imbuida de un componente lúdico, y los banquetes eran festivos simposios nocturnos, donde algunos conocidos se juntaban a discutir temas bebiendo quizá ciertos derivados fermentados de la miel".
"Pues bien -concluyó-, en nuestro caso tampoco está exento ni el hondo debate, ni el regocijo gregario, ni algunas destilaciones etílicas modernas; aunque prevalece, debo reconocer, cierta predilección por el tinto." (Télam)
   
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