Lunes 19 de marzo de 2001

 

Todos los años de un día

 

"Magnolia" es la vida. Todo ocurre a un tiempo y hasta llueven ranas.

  ¿Cuantos años tiene un día? Cómo saberlo. En cuestión de horas puede un hombre moribundo llamar en susurros a su hijo con el cual está peleado desde que era un adolescente. Una mujer correr por la noche detrás del último consuelo contra el dolor de su marido. Un policía enamorarse. Una drogadicta perdida descubrir la luz en el infierno.
Tantas cosas pueden pasar en el transcurso de un día. Y de qué manera. No hay un orden preestablecido para estas cosas. Una tras otra, a veces, una encima de la otra, en oposición, juntas. La vida es un caos excéntrico que, como una maldición, no ofrece demasiadas oportunidades de redimirnos.
"Magnolia" es la vida. O casi. Una especie de consejero erótico, perverso, burdo y bello, recorre el tramo que va desde la pantalla al escenario donde lo esperan cientos de hombres sedientos de sus claves para convertirse en buenos machos. El también espera que entre bambalinas una periodista lo entreviste.
Su andar, tan cierto, tan seguro, es una mentira. La reportera lo sabe: nada encaja, su historia no cierra. En ese mismo momento un enfermero intenta encontrarlo por teléfono. Será tal vez la última oportunidad que tenga de ver vivo a su padre, si es que acepta la propuesta de ir hasta su dormitorio.
A veces, cuando el trecho hasta nuestra actualidad ha sido muy duro, nos tentamos de cubrirlo, cambiarlo un poco para hacerlo más digerible. Descubrimos, tarde por lo general, que el destino nos lleva. Que el amor, la pasión, el dolor, el desierto y los océanos, que un verso de Lorca y la última travesura de los niños, de alguna forma inexplicable están conjugados en el guión de la existencia.
Este es el mayor logro de "Magnolia", su delicada y profunda mirada de la realidad desarrollándose. Nada es imposible, por eso sufrimos y estamos alertas.
La chica hundida entre gramos de coca y pastillas, recibe en su propia casa a un hombre que parece soñado para ella. A pesar de la oscuridad lo percibe. Y él, cansado, con los nervios de punta, se enamora de sólo verla.
Así cumple con la extraña máxima que nos indica a todos como portadores de una misión. Las casualidades no existen. Las brujas tampoco pero que las hay... En el cielo, dicen, están escritas nuestras mejores canciones. Entonces todos cantan en "Magnolia".
Después, mientras las piezas comienzan a encajar sucede algo, y los seres humanos ya deberíamos estar acostumbrados: llueven ranas. Sí, millones de ranas se estrellan contra el pavimento, los autos, las vidrieras y las cabezas de los transeúntes en una de las escenas más interesantes del cine de los últimos años.
Junto a la cama del final, el personaje interpretado por Tom Cruise desnuda el complejo entramado del alma, cualquier alma: llora a su padre mientras le grita que lo odia.

Claudio Andrade

   
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