Sábado 3 de marzo de 2001

 

Tom Wolfe sopla las velitas y prepara otro libro

 

Con el Nuevo Periodismo hizo crecer el lenguaje de los medios. En sus escritos reflejó los cambios de la sociedad norteamericana. Su próximo trabajo lo dedicará a analizar la escuela y la educación.

  Figura emblemática de la literatura norteamericana de los últimos cuarenta años, ayer celebró su 70 aniversario el narrador y periodista Tom Wolfe, quien en su rol de gurú indiscutible del Nuevo Periodismo ha hecho evolucionar más que nadie el lenguaje de los medios de comunicación durante la segunda mitad del siglo.
Lo primero que viene a la mente es, por supuesto, su aspecto.
Un traje de tres piezas entre el blanco y el crema, con una camisa con rayas azul claro debajo y una sencilla corbata de seda.
Es posible coincidir con Norman Mailer, para quien "un hombre que lleva siempre un traje blanco es un imbécil, sobre todo en Nueva York", pero no hay duda de que el escritor y periodista Tom Wolfe, que cuenta con más de 40 trajes de este tipo en el armario y se cambia de ropa entre cinco y seis veces al día, ha conseguido saltar de su imagen como autor de best sellers a la de estrella literaria de más alto vuelo.
Durante 40 años, el escritor ha reflejado la evolución de los Estados Unidos, desde la era de los Kennedy -los radicales 60 de "Ponche de ácido lisérgico"-, los individualistas 70 de "La banda de la casa de la bomba y otros relatos de la era pop", los 80 llenos de contrastes de "La hoguera de las vanidades", y, en su última novela, "Todo un hombre", una visión original y crítica acerca de los símbolos de poder y ostentación en los 90.
Por sobre todo, Wolfe sigue siendo lo que fue en su origen: un periodista. Y con su técnica ofrece al lector una mirada que sorprende de mundos como el de los altos ejecutivos de las multinacionales, el de las villas de las ociosas esposas de ricos magnates o el de los barrios más pobres y marginados.
Fundador en los "80 de la corriente conocida como Nuevo Periodismo, el escritor comenzó a cimentar a los 24 años una carrera que ya ha dado títulos tan notables como "Gaseosa de ácido eléctrico", "Lo que hay que tener", "La izquierda exquisita", "La palabra pintada", "La hoguera de las vanidades" y, justamente, el emblemático volumen "El nuevo periodismo".
Luego de cursar estudios en la Universidad de Yale, el autor se inició como periodista nada más ni nada menos que en "The Washington Post", diario que se dio el lujo de abandonar poco tiempo después bajo el argumento de que estaba escrito en un tono beige pálido, una tonalidad que no era la de su preferencia.
Poco después, revistas como "New Yorker", "Esquire" y "Rolling Stone" le otorgaron asilo periodístico al inquieto Wolfe, cuyos artículos y libros se convirtieron rápidamente en radiografías de la época hedonista que fluctúa entre los 60 y los 70, estimulada por la revolución sexual, la lucha por los derechos civiles, el hippismo, la psicodelia y el rock and roll.
A fines de los 80, el periodista publicó "La hoguera de las vanidades", novela que describe la embriaguez económica de esa década a través de una galería de personajes que abarcan desde Wall Street hasta los rincones más inhóspitos del Bronx.
De su estilo se puede decir fundamentalmente que transgrede las normas aceptadas por el establishment literario y que escribe con cierto aire sofisticado y conservador. También puede acotarse que en sus libros se respiran aires de la novela balzaquiana o naturalista enterrada por Kafka y Joyce medio siglo atrás.
A pesar de sus arriesgados reportajes y de haber escrito sobre personajes del "núcleo duro hippie" como Ken Kesey ("Alguien voló sobre el nido del cuco") o de la "Generación Beat" como Allen Ginsberg ("Aullido"), Wolfe siempre destaca que es "una persona muy formal".
"Cuando me llaman conservador, lo tomo como un honor porque en mi mundo esto significa que eres herético, que has dicho cosas fuera de la ortodoxia", explicó alguna vez.
Ahora que pudo acabar "Todo un hombre", publicada en 1999 tras once años de trabajo en ella -pagados entre otros en 1996 con un infarto-, Wolfe se siente otra vez en la cresta de la ola.
Su próximo proyecto es un libro "sobre la escuela y la educación", según anunció hace poco. Al igual que ocurrió con su trabajo anterior, el escritor afirma que volverá a caer en la hoguera de sus vanidades e intentará escribir "el mejor libro del mundo". (Télam)
Julieta Grosso
   
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